Londres mantiene su invitación a Trump, pese a las últimas tensiones

M. GALLEGO NUEVA YORK.

Para quienes pensaban que los vídeos islamófobos de British First que retuiteó Trump traerían una ruptura diplomática, el embajador estadounidense Woody Johnson tiene un mensaje: «Probablemente le malentendieron», aseguró. Según él, el Gobierno británico lo entiende así y mantiene sobre la mesa su invitación al Palacio de Buckingham, que se materializará en 2018.

Era la primera confirmación de un viaje que había quedado en el aire. El verano pasado Trump puso como condición un requisito imposible para una sociedad democrática: que no haya grandes manifestaciones en su contra. Ahora tiene una excusa para ir, la inauguración de la nueva embajada estadounidense en Londres, que ha sido trasladada del centro de la ciudad al sur del Támesis. Las instalaciones de Battersea han costado 800 millones de libras y «necesitarán que las inaugure un presidente», adujo el embajador.

En público, el Gobierno británico se rasga las vestiduras y le reclama sus palabras. En privado, Trump se sale con la suya y recibe la adulación que busca. Su fetichismo por las grandes mansiones del mundo le tiene especialmente interesado en esa visita, durante la que espera jugar al golf en Balmoral. El Gobierno británico entiende que retirarle la invitación equivaldría a «ofender a millones de estadounidenses», explicó el exembajador británico en Washington Christopher Meyer, por lo que la solución puede ser cambiar la etiqueta de «visita de Estado» por la de «visita de trabajo». Algo que le ahorraría a la reina Isabel dormir bajo el mismo techo. Con ello también se cumpliría la voluntad popular.

El portavoz de la Cámara de los Comunes, John Bercow, ha asegurado que el magnate americano no hablará ante el Parlamento, un honor reservado para las figuras más prestigiosas. «Puede que los actos se reduzcan tanto que prácticamente no se le vea en público», advirtió Meyer.

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