Líbano celebra el regreso de su primer ministro

Saad Hariri (izda.) posa para hacerse un selfi con simpatizantes en Beirut. :: WAEL HAMZEH / efe
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Saad Hariri (izda.) posa para hacerse un selfi con simpatizantes en Beirut. :: WAEL HAMZEH / efe

Recibe como a un héroe nacional a Saad Hariri, que acepta dejar en suspenso su renuncia al cargo para «permitir más consultas»

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

Tres semanas después de presentar su renuncia al cargo de primer ministro desde Riad, Saad Hariri regresó como un héroe nacional al Líbano y, tras entrevistarse con el presidente del país, Michelle Aoun, decidió suspender su renuncia con el objetivo de «permitir más consultas», tal y como le pidió el presidente. Se abre así una nueva etapa en la lucha por la hegemonía de Oriente Próximo que mantienen Irán y Arabia Saudí, que se ha trasladado al Líbano a través del caso Hariri.

El dirigente suní, aliado de Riad, salió el día de 4 de noviembre rumbo a la capital saudí y desde allí presentó su dimisión como primer ministro en un discurso televisado que, según varias fuentes oficiales libanesas, fue forzado a leer por el príncipe heredero, Mohamed Bin Salman, ansioso por frenar la expansión regional de Irán.

Hariri recordó que su padre fue asesinado en 2005, dijo que su vida corría peligro y acusó a la República Islámica de interferir en la política doméstica libanesa y regional a través del partido milicia chií Hizbolá, que es también su socio de Gobierno. Estos fueron los argumentos esgrimidos para formalizar una renuncia que el presidente Aoun no aceptó porque esta debe realizarse ante el Parlamento en Beirut, y no desde el extranjero.

LAS CLAVES Todas las fuerzas del país coincidieron en reclamar el retorno, incluidos su gran rival, Hezbolá Macron viajó a Riad ante los rumores de que el reino wahabí le retenía contra su voluntad

Así empezó un culebrón sobre el paradero de un político que, antes de regresar a Líbano, voló de Riad a Francia, Egipto y Chipre. Las voces más críticas acusaron a Arabia Saudí de intentar provocar una crisis de gobierno y así elevar la tensión en torno a Hizbolá, pero la reacción de todas las formaciones políticas, incluido el Partido de Dios, fue pedir al unísono el retorno de un mandatario que «es nuestro adversario político, pero también nuestro primer ministro», declaró el secretario general de Hizbolá, Hasán Nasrala, quien se mostró además «abierto a cualquier tipo de diálogo».

Las calles de la capital libanesa se llenaron de carteles que pedían el regreso de su primer ministro y su vuelta fue festejada por todo lo alto. Hariri aterrizó en Beirut a última hora del martes y participó en los fastos de la fiesta de la Independencia. El centro de la celebración se trasladó a las puertas de su residencia particular donde se congregaron miles de seguidores para mostrarle su apoyo. «Me quedaré con vosotros para que defendamos juntos el Líbano, su estabilidad y su carácter árabe», señaló el dirigente, emocionado por la muestra de apoyo popular que colapsó el centro de la capital.

Entre banderas rojiblancas libanesas y las azules de la Corriente del Futuro, el grupo político del que es máximo representante, Hariri cerró su discurso recordando que «nuestro eslogan siempre será el mismo: Líbano primero».

El papel de países como Francia, ha sido clave para resolver la crisis. El presidente Emmanuel Macron, se desplazó a Riad para entrevistarse con Hariri en mitad de los rumores que apuntaban a que se encontraba retenido por los saudíes y, posteriormente, el dirigente libanés pudo abandonar el reino wahabí rumbo a París.

Tras conocer la decisión de suspender la renuncia como primer ministro, fuentes oficiales del Elíseo señalaron que «deseamos que se traduzca en un funcionamiento normal y equilibrado de las instituciones, dentro del respeto de la Constitución libanesa».

A Mohamed Bin Salman, heredero al trono saudí, de 32 años, se le acumulan los frentes abiertos tanto en la región como en su propia casa. Además de este caso Hariri, mantiene los embargos a Catar y Yemen y ha encerrado a más de 200 príncipes y ministros bajo la acusación de corrupción, una decisión sin precedentes en el reino.

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