Kenia regresa a la incertidumbre

El líder opositor Raila Odinga comparece ante los medios para anunciar su decisión. :: B. R. / Reuters/
El líder opositor Raila Odinga comparece ante los medios para anunciar su decisión. :: B. R. / Reuters

La renuncia del opositor Odinga tras la anulación de las anteriores elecciones choca con la intención del presidente de acudir a las urnas

GERARDO ELORRIAGA

Kenia se enfrenta a una nueva y grave crisis tras la decisión del líder opositor Raila Odinga de no presentarse a las elecciones del próximo día 26. En una declaración hecha pública ayer, el dirigente de la Súper Alianza Nacional (NASA) explicó la medida como una estrategia necesaria para ganar tiempo y así hacer posible que la Comisión Electoral (IEBC) lleve a cabo los cambios necesarios para asegurar «unos comicios creíbles». La decisión, sin embargo, aboca al país a una situación de fuertes tensiones porque el presidente Uhuru Kenyatta ha respondido a la renuncia asegurando que no cambiará su estrategia y acudirá a las urnas tal y como había previsto. Además de dar cuenta de su retirada, la coalición rival ha anunciado para el mismo día movilizaciones en todo el país bajo el lema 'ninguna reforma, ninguna elección'.

La repentina medida tiene lugar a tan solo quince días de una convocatoria que había sido interpretada como una victoria de los enemigos del actual Gobierno. El Tribunal Supremo invalidó las elecciones celebradas el pasado 8 de agosto tras aceptar un recurso de la oposición que alegaba irregularidades en el recuento. La decisión judicial constituía un insólito precedente en la historia democrática del continente africano.

La falta de «unos cambios irreducibles mínimos» que no se han abordado por la IEBC ni por el Jubilee, el partido gubernamental, explican, en palabras de Odinga, la postura adoptada. Algunas fuentes advierten que esta postura pretende encubrir la retirada definitiva del opositor, que ha fracasado en todos sus intentos de llegar al Ejecutivo.

Diferencias étnicas

La incertidumbre resulta peligrosa en un país polarizado, tal y como se comprobó en las elecciones anuladas. La denuncia de fraude presentada por NASA no impidió brotes de violencia en las calles rápidamente reprimidos por los cuerpos de seguridad. Al menos, 37 personas fallecieron en los choques con la Policía a lo largo de los siete días posteriores a los comicios, según un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El carácter tribal de la política keniana introduce un poderoso factor desestabilizador. La dupla formada por Kenyatta y su vicepresidente William Ruto ha sido interpretada como una asociación entre las comunidades kikuyu y kalenjin, a la que pertenecen respectivamente, contra los luo de Odinga.

Las diferencias étnicas y los agravios acumulados provocaron graves confrontaciones hace diez años, cuando una similar acusación de fraude formulada por Odinga desembocó en disturbios en la capital Nairobi y en el valle del Rift, al oeste de la república, saldados con 1.200 muertos y más de 300.000 desplazados. La sombra de aquel drama se proyecta sobre la vida pública del país. El miedo y la no identificación de los culpables de aquel estallido enturbian el escenario político. Kenyatta y Ruto fueron encausados por la Corte Penal Internacional, pero el proceso no siguió adelante ante la imposibilidad de llevar a cabo las investigaciones preliminares.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos