Kenia complica su futuro político

Una seguidora de la oposición protesta en el barrio Mathare de Nairobi, la capital de Kenia. ::  LUIS TATO / afp/
Una seguidora de la oposición protesta en el barrio Mathare de Nairobi, la capital de Kenia. :: LUIS TATO / afp

La repetición de las elecciones presidenciales a pesar de la retirada del principal rival de Kenyatta ahonda la división en el país

GERARDO ELORRIAGA

Cuatro personas fallecieron y veintiséis resultaron heridas de consideración en los disturbios que tuvieron lugar ayer en Kenia durante la convulsa jornada electoral. Dos manifestantes fueron abatidos por la Policía en la región occidental, otro falleció mientras recibía tratamiento y un hombre fue asesinado por una turba en el 'slum' o barrio marginal de Mathare en la capital, Nairobi. La victoria del presidente Uhuru Kenyatta, inevitable ante la retirada de su principal contendiente, tan solo agrava la situación política del país, polarizado entre la facción gubernamental y los partidarios del líder opositor Raila Odinga, que había rechazado participar en estas elecciones.

El boicot de la coalición Súper Alianza Nacional (NASA), la formación contraria al actual Gobierno, y una participación notablemente inferior a la experimentada en los comicios del pasado 8 de agosto, caracterizaron la convocatoria. Aunque Odinga había llamado a la calma, los problemas de orden público impidieron el voto en Kisumu, Migori, Homa Bay y Siaya, feudos de la oposición, y las urnas volverán a abrirse mañana, sábado. Kibera y otras comunidades del área metropolitana de Nairobi también sufrieron problemas ante la intención de boicotear el acceso a los colegios electorales por los afines al opositor y, además, numerosos funcionarios electorales no acudieron a sus puestos. El clima de inseguridad hizo que disminuyera además la participación de los observadores internacionales.

Las contradictorias declaraciones del jefe de Estado también han contribuido a alimentar la atmósfera de tensión. Kenyatta llamó al diálogo tras las elecciones, cuando precisamente la celebración de estos comicios ha sido la razón del disenso entre ambos grupos y el Ejecutivo se ha negado a mantener conversaciones con los rivales, que reclamaban reformas.

La NASA demandó el aplazamiento de las presidenciales para poner en marcha cambios en la Comisión Electoral e impedir que se produjeran irregularidades, tal y como sucedió en las elecciones del 8 de agosto, suspendidas por el Tribunal Supremo. La retirada de su candidatura, anunciada hace quince días, fue repudiada por el partido gubernamental Jubilee y el calendario electoral no fue modificado.

Parlamento monocolor

Esta posición de intransigencia también ha sido expuesta por Justin Muturi, presidente de la Asamblea Nacional, al afirmar que el «Gobierno no se sentiría cómodo negociando con la NASA si se transformara en una entidad ilegal». El problema generado por una Cámara monocolor en la que no se hallarían representados amplios sectores de la población keniana no parece relevante para el portavoz. A su juicio, su legitimidad no se halla en entredicho si, como la ley electoral exige, el vencedor acumula más del 25% de los sufragios en al menos 24 condados.

Las primeras estimaciones de voto evidencian una victoria aplastante de Kenyatta y provocan nuevas dudas sobre la futura estabilidad del país, que ya sufre perjuicios económicos derivados de la prolongada crisis. La posición de fuerza del dirigente parece ajena a los riesgos que comporta la polarización política y su proyección en las relaciones intertribales. La desaparición parlamentaria de sus rivales políticos puede generar una respuesta violenta de la comunidad luo, la más perjudicada por la ausencia de los rivales del actual Gobierno, sustentado en el favor de los grupos kikuyu y luhya.

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