Juncker propone Schengen y el euro como tractores de la nueva Unión

Jean-Claude Juncker besa en la cabeza al vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, antes de intervenir en la Eurocámara. :: A. H. / AFP
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Jean-Claude Juncker besa en la cabeza al vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, antes de intervenir en la Eurocámara. :: A. H. / AFP

El presidente de la Comisión advierte a los eurodiputados británicos que «lamentaremos su decisión siempre y ustedes muy pronto»

ADOLFO LORENTE ESTRASBURGO.

El 'Día J', el momento de Jean-Claude Juncker, comenzó a las 9:06 y concluyó una hora y dos minutos después con 42 segundos de cerrada ovación a su ambiciosa batería de propuestas para refundar la UE tomando el euro y Schengen como piedras angulares. 42 segundos que obligaron al presidente de la Comisión Europea a ponerse de nuevo en pie cuando ya estaba recostado en su asiento. Sí, recostado, porque en lo físico, no era su mejor día. En lo emocional, se notó. De hecho, sus «problemas de ciática» le obligaron a abandonar el pleno al inicio del turno de réplica a los muchos eurodiputados que buscaron su minuto de gloria hablando de su libro. Entre ellos, cómo no, el de Cataluña. Un clásico que va camino de 'best seller'.

Lo de ayer era otra cosa. Se trataba de hacer política con mayúsculas, de proponer la refundación del club de clubes, de debatir sobre qué quiere ser Europa de mayor cuando la madurez le venga sobrevenida el 29 de marzo de 2019 con el histórico portazo de Reino Unido. Pese a todo, apenas se habló del manido 'brexit'. Fue algo más que un mensaje a Londres. Otro más. «Nosotros miramos a 27, nos preocupamos de nuestro futuro y ustedes son pasado», vino a decir. «Fue una decisión triste y lo lamentaremos siempre. Y ustedes, pronto», disparó hacia la bancada del euroescéptico UKIP.

«Ha llegado el momento de pasar de la reflexión a la acción. La Europa del futuro debemos decidirla hoy», advirtió Juncker, que se apoyó en las metáforas marineras para tocar a rebato. «Se nos ha abierto una ventana de oportunidad que no se quedará abierta para siempre. Debemos aprovechar el viento a favor que vuelve a soplar en nuestras velas (...) antes de que vuelvan los nubarrones, que lo harán», proclamó.

«Europa es libertad, igualdad y Estado de derecho, que no es una opción, sino una obligación»Reclama «una unidad de inteligencia europea que garanticen el intercambio de datos sobre terroristas»

Lo hizo defendiendo una «Unión de Valores más unida, más fuerte y más democrática». «Europa es libertad, igualdad y Estado de derecho, que no es una opción, sino una obligación», zanjó en un sonoro dardo a Polonia y Hungría. No hizo falta mencionarlos. A buen entendedor...

¿Qué quiere ser la Europa a 27 en 2025? Este es el debate lanzado el 1 de marzo y al que ayer Juncker le puso la música y se limitó a esbozar la letra porque la partitura es cosa de las capitales, que son las que llevan la voz cantante de la Unión en el Consejo Europeo. De momento, Juncker ha golpeado primero. Nada de varias velocidades. Al trantrán o esprintando, pero juntos, los 27. «No es el momento de errar siendo cautelosos», arengó.

Más integración institucional

Fusionar la presidencia de la Comisión y el Consejo

El luxemburgués trazó una hoja de ruta basada en un renovado impulso a la integración europea a 27 a través del euro y el espacio de libre tránsito Schengen como elementos tractores. En el primer caso, abogó por crear instrumentos técnicos y financieros que ayuden a los países a adherirse cuanto antes al bloque (ahora 19 de 28), y respeto a las fronteras, se refirió en concreto a Bulgaria y Rumanía, aunque también a Croacia. Para muchos, esta idea es una quimera, al menos de aquí a marzo de 2019, como sugirió.

El 'boom' estalló cuando pidió unificar las presidencias de la Comisión y el Consejo, ahora liderado por Donald Tusk -cargo que es elegido cada dos años y medio por los líderes-. «Europa resultaría más fácil de comprender si solo un capitán pilotase la nave europea», zanjó.

Economía y comercio

Proteger a los gigantes europeos de China

La economía tuvo un papel destacado en su discurso para recordar que se han creado 8 millones de trabajos, que el nivel de paro es el más bajo en nueve años o que el crecimiento se ha asentado por encima del 2%. Sin embargo, no cabe la complacencia y por ello, pidió la creación de un servicio de inspección laboral comunitario para que «todos cobren lo mismo por el mismo trabajo». Fue uno de sus muchos guiños al Este.

En este sentido, abogó por seguir defiendo la industria europea e impulsar los acuerdos comerciales con potencias como Australia o Nueva Zelanda. Ojo, no habrá barra libre. «No somos ingenuos», dijo. De hecho, anunció la creación de un mecanismo de vigilancia para evitar que potencias como China se hagan con el control de gigantes europeas que operan en sectores estratégicos.

Por otra parte, Juncker insistió en la necesidad de crear una suerte de FMI europeo, de habilitar una línea presupuestaria de las cuentas actuales que se dedique exclusivamente al euro y propuso la creación de un superministro de Economía y Hacienda que sería a la vez comisario, vicepresidente de la Comisión y presidente del Eurogrupo.

Defensa y terrorismo

Compartir información y mejorar la ciberseguridad

Gracias a la salida de Reino Unido, la Europa de la Defensa ha comenzado a ser una realidad de la mano de los cuatros grandes países del club: Alemania, Francia, Italia y España. Todavía queda mucho por hacer, como también en la lucha contra el terrorismo, que sigue obsesionado con golpear duro a Europa. Por eso, Juncker pidió la creación de «una unidad de inteligencia europea que garantice que los datos sobre terroristas y combatientes extranjeros se intercambien de forma automática». Asimismo, defendió la necesidad de tener una Agencia Europea de Ciberseguridad porque los ciberataques «pueden ser más peligrosos para la estabilidad de las democracias y las economías que las armas y los tanques».

Inmigración y Turquía

Apoyo a los refugiados pero impulsar el retorno

Una hora de discurso da para mucho, pero el presidente de la Comisión no quiso pasar por alto dos de los asuntos claves en la policrisis que ha azotado al club en los últimos años. Respecto a la inmigración, destacó el rol proteccionista de la UE con los refugiados, alabó el papel de países como Italia, pidió más ayuda a África y abogó, eso sí, por impulsar las vías legales de retorno para los inmigrantes que no tengan derecho al asilo.

En relación a Turquía y su improbable adhesión, advirtió de que «lleva tiempo alejándose de la Unión Europea a pasos agigantados». «Los periodistas deben estar en las redacciones, no en las cárceles», lanzó.

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