Xi Jinping ya puede hacerse eterno al frente de China

El presidente chino Xi Jinping llega a la tercera sesión plenaria del Partido Comunista. :: WANG ZHAO / afp/
El presidente chino Xi Jinping llega a la tercera sesión plenaria del Partido Comunista. :: WANG ZHAO / afp

La Asamblea Nacional Popular aprueba con un consenso apabullante las reformas de la Carta Magna que eliminan el límite de mandatos

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

2.958 votos a favor, tres abstenciones, dos votos en contra, y un voto nulo. La Asamblea Nacional Popular aprobó ayer con un consenso apabullante las 21 reformas constitucionales que, entre otras cosas, eliminan el límite de dos mandatos que se imponía al presidente y al vicepresidente de China. Así, el actual mandatario, Xi Jinping, podrá mantenerse al timón del país más poblado del mundo todo el tiempo que considere necesario para convertir de esa manera al gigante asiático en la potencia que él tiene en mente.

De esta forma, llega a su final la era que se abrió con Deng Xiaoping, quien decidió limitar a una década el poder de la cúpula política para evitar que se repitiesen los desmanes de Mao Zedong, fundador de la República Popular e impulsor del desastroso Gran Salto Adelante y de la sangrienta Revolución Cultural. Deng, el hombre que abrió las puertas al mundo, convirtió así a China en una dictadura colectiva, en la que un solo hombre no podía imprimir su huella de forma indeleble.

Las últimas transiciones de poder, primero de Jiang Zemin a Hu Jintao, y luego de Hu a Xi, fueron formalmente modélicas. El sucesor se nombró al principio del segundo mandato, de forma que tenía un lustro para ir acostumbrándose a la idea de tomar la presidencia, y sus enemigos también terminaban por aceptar los designios del Partido Comunista. Deng hizo que China se alejase precisamente de sistemas como el de Corea del Norte o el de Cuba.

Regresión política

Xi Jinping, sin embargo, está protagonizando una clara regresión en materia política que ayer respaldó el máximo órgano legislativo del país: el culto a su persona se parece mucho al de Mao, ha acaparado todo el poder, y ha puesto en marcha una de las campañas más duras contra la disidencia desde la matanza de Tiananmen. Pero desde la prensa oficial china, que justifica la eliminación del límite con palabras ampulosas que no dicen nada, aseguran que la reforma constitucional no significa que Xi se vaya a convertir en presidente vitalicio.

Hay quienes señalan, de hecho, que la hoja de ruta del mandatario para el gigante asiático tiene una fecha clave: 2035 es el año en el que, según Xi, China debería convertirse en un país moderadamente próspero. Si esta predicción se cumple, Xi terminaría estando en el poder 22 años.

Entre el resto de cambios introducidos en la Carta Magna destaca la creación de la Comisión Nacional de Supervisión. El órgano anticorrupción se independiza y alcanza el grado de súper-agencia. Trasciende el ámbito del Partido para convertirse en un órgano de justicia paralelo que tendrá jurisdicción sobre todos los funcionarios: desde cargos políticos de alto rango, hasta profesores o periodistas, pasando por los responsables de las empresas estatales. Y eso supone que todos ellos pueden ser detenidos sin dar cuenta de ello ni permitir que accedan a los servicios de un abogado.

Finalmente, la reforma también indica que el «liderazgo del Partido es la principal característica del socialismo con características chinas». Puede parecer una frase sin mayor importancia, pero supone la inequívoca identificación del Partido Comunista con el Estado. Ambos son indivisibles. Y, como han advertido los críticos, puede servir de base legal para castigar cualquier crítica contra la hoz y el martillo.

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