El jefe de la Casa Blanca se blinda en el Supremo antes de viajar a Bruselas

El elegido para reemplazar al juez Anthony Kennedy se ha manifestado en contra de poder demandar al mandatario mientras esté en el cargo

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

Hubo mucho redoble de tambores, con la hora del anuncio fijada a la de máxima audiencia del lunes por la noche (madrugada del martes en España), pero al final Trump fue Trump: de toda la lista que le proporcionó el grupo conservador Federalist Society, eligió para reemplazar al juez Anthony Kennedy en el Supremo al único candidato que se ha manifestado abiertamente en contra del 'impeachment' y en favor de blindar al presidente de cualquier tipo de demanda civil.

Con la nominación de Brett Kavanaugh no sólo consolida el giro conservador del país sino que se blinda a sí mismo de todos los casos judiciales que pongan en duda su poder. El juez de 53 años escribió en 2009 que «enjuiciar o hacer una moción de censura contra un presidente en turno mientras esté en el cargo dejaría paralizado al Gobierno en sus funciones y minaría su credibilidad en la arena nacional e internacional». Sin embargo, fue parte del equipo de Ken Starr que investigó a Bill Clinton e incluso escribió parte del informe que pedía su 'impeachment'.

Hubo quien pensó que en esta segunda oportunidad que tiene Trump en menos de año y medio de cambiar el curso del país eligiendo a un juez del Supremo, el mandatario no dejaría pasar la sorna de nombrar a una mujer para que asestase un golpe mortal a los derechos reproductivos. Resultó que antes que misógino Trump es narcisista. De los tres finalistas, su hermana, jueza, le había recomendado a Thomas Hardiman, y los conservadores sociales, a Amy Coney Barrett. Kavanaugh, sin embargo, es un protegido de los Bush, enemigos políticos del actual mandatario, que se apresuraron a alabar su decisión.

Brett Kavanaugh

Con ella el presidente demuestra ser brillante, porque logra reforzar la línea antiabortista en un tribunal vitalicio al que le ha dado la vuelta, ideológicamente hablando, y a la vez cerrar el paso a las demandas políticas o civiles que pudieran llegar contra él hasta el máximo órgano de justicia. En octubre pasado Kavanaugh dejó clara su posición cuando disintió de la mayoría en la decisión de permitir a una joven de 17 años, detenida por cruzar ilegalmente la frontera, que interrumpiese voluntariamente el embarazo del que supo en prisión. Consideró que sus compañeros del Tribunal de Apelaciones de Washington DC concedían «nuevos derechos a inmigrantes indocumentados». Espantada por lo que puede suponer para las mujeres y para el país la confirmación de este juez, la senadora Elizabeth Warren advirtió a las bases demócratas que tendrán que luchar contra esta nominación «como nunca en nuestra vida».

El elegido de Trump es «un animal político» que ha pasado la mayor parte de su carrera en Washington. Kavanaugh fue parte del equipo legal de George W. Bush en las interminables elecciones de 2000 que ganó a Al Gore por 537 votos de Florida gracias a la intervención del Supremo, que detuvo el recuento. El presidente le compensó con un puesto de asesor judicial en la Casa Blanca. En 2003 Bush premió nuevamente su fidelidad al nominarle para juez del Tribunal de Apelaciones de Washington DC. Para entonces su carrera era ya tan controvertida que el Senado tardó tres años en aprobarle.

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