Japón abre la gira asiática de Trump

Manifestantes surcoreanos sostienen una pancarta contra Donald Trump en Seúl. :: AFP/
Manifestantes surcoreanos sostienen una pancarta contra Donald Trump en Seúl. :: AFP

Los doce días de viaje por cinco países con intereses muy diferentes, cuando no enfrentados, no van a ser un camino de rosas para el presidente de EEUU

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Barack Obama tenía muy claro que Estados Unidos debía mirar más a Oriente, un territorio en el que está perdiendo influencia a gran velocidad. A Donald Trump le gusta más mirarse a sí mismo, pero ni siquiera el actual presidente de la mayor potencia mundial puede dar la espalda al hecho de que Asia es ya el continente más importante del mundo. Por eso, Trump ha aterrizado hoy en Tokio para comenzar la gira más larga de un mandatario americano desde 1992. Pero, aunque le pongan la alfombra roja, los doce días que pasará en cinco países con intereses muy diferentes, y en ocasiones enfrentados, no van a ser un camino de rosas.

Eso sí, procedente de Hawai, Trump comienza su visita en territorio amigo. Japón es su principal aliado en la región, y el primer ministro Shinzo Abe, recién reelegido por mayoría aplastante, comparte la necesidad de hacer frente con puño de hierro a la amenaza que suponen los programas nuclear y de misiles de Corea del Norte. No en vano, dos de los proyectiles intercontinentales probados por Pyongyang en los últimos meses han sobrevolado territorio nipón provocando la activación de las alarmas antiaéreas.

Aunque el régimen norcoreano no tenga intención de atacar Japón, cualquier error de cálculo en las pruebas -que han fallado en varias ocasiones anteriores- podría suponer una tragedia de dimensiones descomunales para el país del Sol Naciente. Además, el archipiélago también se encuentra en la trayectoria de los misiles con los que Kim Jong-un ha planteado atacar la isla estadounidense de Guam. Así que Abe apuesta sin fisuras por modificar la Constitución para eliminar el pacifismo impuesto -precisamente por Estados Unidos- tras la Segunda Guerra Mundial y permitir que sus Fuerzas de Autodefensa continúen con su modernización y lleven a cabo operaciones ofensivas.

Todo apunta a que su homólogo norteamericano apoyará sus planes. De hecho, Trump y Abe ya han mostrado su buena sintonía en anteriores visitas. Al fin y al cabo, ambos políticos conservadores comparten recetas similares para abordar los problemas que aquejan al mundo. Así que Trump será bienvenido y tendrá tiempo también para imprimir su sello personal al viaje, en el que está programado que el presidente se reúna con dos tipos poco habituales en estas citas: el extravagante cantante japonés Pikotaro -un equivalente nipón al Rodolfo Chikilicuatre ibérico- y el jugador de golf Hideki Matsuyama -actualmente número cuatro del mundo-, con el que compartirá una partida de su deporte favorito.

Algo menos amistosa será la segunda etapa de su viaje: Corea del Sur. Porque, a pesar de que ambos países comparten su preocupación por la amenaza norcoreana, no se ponen de acuerdo en la forma de lidiar con ella.

El presidente Moon Jae-in cree que la escalada de la tensión bélica que propician Trump y Abe no es el camino. «La relación trilateral entre Corea del Sur, Japón y Estados Unidos es muy importante. Sin embargo, no considero deseable que se convierta en una alianza militar. Es más, creo que, si Japón decide incrementar su capacidad bélica por el programa nuclear norcoreano, también se pueden resentir las relaciones con la ASEAN (Asociación de Estados del Sudeste Asiático)», afirmó el viernes en una entrevista con Channel News Asia.

Moon incluso se mostró dispuesto a reunirse con Kim si con ello se logra avanzar en la resolución del conflicto, aunque también reconoció que para la hermana capitalista de Corea «la alianza con Estados Unidos es lo más importante para garantizar la seguridad del país», en referencia al sistema de intercepción avanzada de misiles que Washington ha desplegado en su territorio.

Equilibrio

El reto en la reunión entre ambos presidentes será lograr un acuerdo en el que se logre el equilibrio que Seúl requiere para protegerse de Pyongyang sin dañar en exceso las vitales relaciones económicas que mantiene también con China, que no ve con buenos ojos el sistema antimisiles.

Precisamente, Pekín será el plato fuerte de la gira asiática de Trump. Allí, entre el miércoles y el jueves, tendrá que vérselas con el hueso más duro de roer: el presidente Xi Jinping, entronizado por segunda vez como líder supremo de autoridad incontestable tras el Congreso Nacional del Partido Comunista. Las dos superpotencias son rivales condenados a entenderse por el bien del mundo, pero las diferencias que las separan son abundantes. Japón, Corea del Sur, y el propio EE UU consideran que el gigante asiático tiene la llave de Corea del Norte en la crisis nuclear que desestabiliza la región. Sostienen que podría ahogar económicamente al régimen de Kim, cuyo comercio internacional depende en un 90% de China, para que el dictador entre en razón y abandone sus programas militares más inquietantes.

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