Irlanda del Norte estudia el ejemplo de Gibraltar ante el reto del 'brexit'

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

«¡Qué daría yo por 400 kilómetros más!», exclamó ayer el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, expresando las restricciones que la geografía del Peñón impone a su desarrollo. «¡Y qué daría yo por eliminar 180 cruces fronterizos!», respondió el diputado por el este de Londonderry, Gregory Campbell, para expresar la suya por el rompecabezas que plantea el 'brexit' a la Irlanda dividida. Picardo había sido convocado a comparecer ante el comité de Irlanda del Norte de la Cámara de los Comunes, para ser interrogado sobre las similitudes y diferencias entre la situación fronteriza en el nordeste de Irlanda después del 'brexit' y la de Gibraltar. Picardo enfrió con datos el ánimo de trazar analogías fuertes. La frontera entre Gibraltar y España tiene 1,2 kilómetros, un paso para personas y otro para comercio; la de Irlanda, 400 kilómetros y unos 200 cruces fronterizos. Gibraltar nunca ha pertenecido a la unión aduanera y la verja es un cruce fronterizo Schengen, porque no pertenece a esta estructura de la UE.

«El ingrediente principal para que la frontera sea fluida es la buena voluntad, pero el entendimiento en la comarca choca con la disputa sobre soberanía para extender la cooperación», dijo Picardo. Los norirlandeses creen que su relación con Dublín es mejor que la que existe entre Gibraltar y Madrid. El Gobierno de Londres ha prometido que no habrá en Irlanda una frontera 'dura', que será 'sin fricción'. Pero nadie ha explicado aún cómo se evitan controles fronterizos parecidos a los de Gibraltar si la república del sur sigue en la unión aduanera e Irlanda del Norte se va con Reino Unido del espacio arancelario común.

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