Irán confirma la muerte en prisión de un detenido en las protestas

Activistas denuncian que otros dos de los arrestados también han fallecido en la cárcel, lo que las autoridades aún no han reconocido

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL

jerusalén. Sina Ghanbari, de 22 años, murió en la prisión de Evin, en Teherán, tras ser detenido en la oleada de protestas que ha sacudido Irán desde el 28 de diciembre y que parece haber remitido. Se trata del primer arrestado en estos disturbios que fallece en la cárcel, según aseguraron diferentes fuentes oficiales, como la parlamentaria Tayiba Siavashi, que indicó que el detenido «se habría suicidado en uno de los baños de la prisión», tal y como recogió la agencia Ilna.

Al menos 21 personas han muerto en el transcurso de unas protestas cuyo principal motivo es la grave situación económica que sufre la república islámica, y las organizaciones de derechos humanos muestran además su preocupación por las más de mil detenciones practicadas en las últimas semanas. Además del fallecimiento de Ghanbari, la activista Nasrin Sotoudeh declaró al diario británico 'The Guardian' que «al menos otros dos detenidos en las movilizaciones» han fallecido en prisión, pero no han sido identificados hasta el momento.

Evin es el principal centro penitenciario de la capital y organizaciones como Amnistía Internacional han alertado de las «condiciones inhumanas» que sufren unos reclusos «bajo la amenaza de la tortura». Cuando hace ocho años una parte de los iraníes se echó a las calles para protestar contra la polémica reelección de Mahmud Ahmadineyad como presidente, la prisión de Kahrizak, a las afueras de capital, se convirtió en la peor pesadilla para los detenidos. El expresidente del Parlamento y líder reformista Mehdi Kerrubi denunció entonces los abusos allí cometidos, incluidos «violaciones a reclusos». Los seguidores de este clérigo, que como Mir Husein Musavi permanece desde las elecciones de 2009 bajo arresto domiciliario, apodaron al centro como el 'Guantánamo iraní' y los relatos sobre torturas y malos tratos de los que pasaron por allí, muchos de ellos difundidos a través de internet, resultan estremecedores.

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