Irak da por finalizada la guerra contra el Estado Islámico

El primer ministro anuncia que el Ejército ha acabado con los últimos reductos de los terroristas en las zonas desérticas que unen el país con Siria

MIKEL AYESTARAN JERUSALÉN.

Tres semanas después de anunciar la «derrota militar» del grupo yihadista Estado Islámico (Daesh) en Irak, el primer ministro, Haider al-Abadi, ofreció ayer un discurso a la nación para informar del «final de la guerra» contra el Daesh. En el intervalo entre estos dos anuncios las fuerzas iraquíes han perseguido y acabado con los seguidores del califa por el desierto que une su país con Siria, y solo cuando concluyó esta labor de limpieza, Al-Abadi comunicó que «nuestras fuerzas controlan completamente la frontera y por lo tanto anuncio el final de la guerra contra Daesh (acrónimo en árabe del Estado Islámico)». El primer ministro, que desde que llegó al cargo ha tenido esta contienda como su prioridad, apuntó a la «unidad y determinación» entre la población como la clave para lograr esta victoria «en tan poco tiempo».

El califato es historia tres años después de su autoproclamación en Siria e Irak y deja una herencia de miles de muertos, millones de desplazados y la destrucción de ciudades enteras a las que los civiles no podrán regresar en muchos años. Una pesadilla que se instaló en el corazón de Oriente Próximo de forma sorpresiva en junio de 2014 cuando el grupo, que para entonces ya tenía Faluya, se hizo con ciudades como Mosul, Tikrit o Ramadi ante el descalabro de un Ejército de Irak que se dio a la fuga y dejó todos sus arsenales en los cuarteles.

El anuncio de la derrota oficial en Irak llega solo 48 horas después de que Rusia, principal aliado del Gobierno de Damasco, diera también por acabada la presencia del Daesh en Siria, donde los últimos combates también se han producido en la zona fronteriza y desértica del valle del Éufrates.

La coalición internacional que lidera Estados Unidos aprovechó el mensaje de Al-Abadi para «felicitar al pueblo iraquí por su significativa victoria contra Daesh» y sus mandos adelantaron a través de las redes sociales que estarán «a su lado mientras se crean las condiciones para un Irak seguro y próspero».

La cobertura aérea norteamericana ha sido clave para lograr esta victoria militar, pero los estadounidenses, siguiendo el modelo impuesto por Barack Obama, no han contado con una gran presencia militar sobre el terreno y han cedido el protagonismo a las unidades iraquíes.

Irak se desangra desde 2003. La invasión estadounidense prometía traer la democracia, pero ha terminado por hundir al país en un conflicto sectario cuyo último capítulo ha sido este califato. Los yihadistas aprovecharon el descontento de la minoría suní del país para dar un golpe de fuerza en el verano de 2014 y el Gobierno de Bagdad, en manos de la mayoría chií, les ha hecho frente gracias a su peculiar equilibrio de apoyos entre Washington y Teherán, cuyas relaciones han vuelto a tensarse desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Desde la liberación de Mosul en verano, el Daesh ha ido perdiendo batalla tras batalla y los yihadistas, que antes luchaban hasta la muerte, optaron por replegarse al desierto o rendirse. Sus dos grandes centros de poder, Mosul, en Irak, y Raqqa, en Siria, son ahora puro escombro después de largas ofensivas que empezaron con intensos bombardeos aéreos y concluyeron con combates casa por casa.

Los servicios de inteligencia de EE UU elevan a más de 60.000 los yihadistas muertos desde junio de 2014, entre ellos la mayor parte de altos cargos, pero es una incógnita el número de seguidores del califa que han podido sobrevivir, los que han regresado a sus países de origen o los que permanecen como células durmientes en Irak y Siria. Los yihadistas vuelven a la clandestinidad, pero después de tres años dirigiendo un califato con el que han logrado que su nombre desbanque al de Al-Qaida como amenaza global. Su bandera ya no está en las plazas de ninguna ciudad, pero su ideología tiene capacidad de seguir motivando a musulmanes en todo el mundo.

Tras una ofensiva relámpago, la organización ultrarradical Estado Islámico autoproclamó un califato a caballo entre Irak y Siria y de una superficie equivalente a Italia. En él vivían alrededor de 4,5 millones de personas.

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