La investigación sobre la trama rusa cerca a miembros de la campaña electoral de Trump

Paul Manafort, en el centro, y Rick Gates, momentos antes de declarar. ::  Win McNamee / afp/
Paul Manafort, en el centro, y Rick Gates, momentos antes de declarar. :: Win McNamee / afp

El fiscal especial acusa de conspiración al hombre que dirigió la carrera del presidente hacia la Casa Blanca, a su socio y a un asesor de política exterior

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Los que ven series americanas lo saben bien: La estrategia policial siempre es atrapar a un pez pequeño para que este ayude a los investigadores a capturar al más grande. Ayer se supo que el fiscal especial, Robert Mueller, ya tiene a su chivato, el joven asesor de política exterior George Papadopoulos, y le ha echado las redes al ex director de campaña Paul Manafort y a su socio Rick Gates.

En Twitter dos señales inequívocas daban fe del nerviosismo de Donald Trump: el uso de mayúsculas y los ataques contra la «deshonesta Hillary Clinton». «¡HACED ALGO!», tuiteó el domingo el presidente. Desde el viernes por la noche fuentes de CNN habían anticipado que la investigación del fiscal anterior sobre la trama rusa había arrojado los primeros cargos criminales tras consultar con un gran jurado. Ayer, el mandatario suspiró aliviado y celebró la decepción ajena. «Lo siento, pero esto pasó hace años, antes de que Paul Manafort formase parte de la campaña de Trump. ¿Por qué no están centrados en la deshonesta de Hillary y los demócratas?».

La Casa Blanca se ha apresurado a minimizar el papel del político de 68 años que trabajó en la campaña de marzo a agosto del año pasado, aunque durante la Convención del Partido Republicano Trump le felicitó por el «fantástico» trabajo que había hecho. Entre los republicanos los lazos de Manafort con el Kremlin a través de su trabajo como lobista para el presidente ucraniano depuesto Victor Yanukóvich causaron desmayo desde el principio. En la prensa saltaron las alarmas cuando la intervención del nuevo presidente de campaña suavizó el lenguaje contra Rusia de la plataforma del partido, algo que él ha negado.

Su palabra carece ya de validez. Manafort está acusado de mentir a los investigadores del FBI, que le seguían los pasos mucho antes de que estallase la trama rusa. «El anuncio de hoy no tiene nada que ver con el presidente ni con su campaña, sino con que no dijo la verdad», zanjó la portavoz de la Casa Blanca Sarah Huckabee.

En justicia, Rusia no aparece en ninguna de las 31 páginas en las que se deletrean una docena de cargos contra él y su socio por conspirar contra Estados Unidos, lavar dinero negro y numerosas declaraciones falsas. Entre 2006 y 2015 ambos recibieron al menos 75 millones de dólares (64 millones de euros) del partido de Yanukóvich y otros allegados de Putin para defender sus intereses ante el Gobierno norteamericano, pese a no estar registrados como lobistas. Para no pagar 18 millones de dólares (15 millones de euros) en impuestos desviaron los pagos a diversos paraísos fiscales a través de una red de corporaciones extranjeras, sociedades y cuentas bancarias en Chipre, las islas Seychelles y San Vincente y las Granadinas.

'Prestamos' de oligarcas

«Cuando el Departamento de Justicia les preguntó en 2016 sobre sus actividades respondieron con declaraciones falsas y engañosas», dice la acusación. Con ese dinero el ex jefe de campaña de Trump compró propiedades que utilizó como aval para préstamos con los que financiar «una esplendorosa vida de lujos» que incluyó 934.000 dólares (800.000 euros) en alfombras orientales y 849.000 (728.000) en una tienda neoyorquina de ropa de hombres.

A Trump debió haberle saltado que no quería cobrar por su trabajo como jefe de campaña. Manafort, ahora en arresto domiciliario y con el pasaporte retirado, había seguido aceptando «préstamos» de importantes oligarcas rusos como Oleg Deripaska, al que escribió para ofrecerle «una sesión informativa privada» sobre el curso de la campaña del ahora presidente. Manafort y su socio se declararon ayer inocentes ante el tribunal de lo que su abogado considera «cargos ridículos». La jueza les ha concedido la libertad bajo fianza de diez (8,58 millones de euros) y cinco (4,29) millones de dólares, respectivamente.

Quien no ha querido arriesgarse es Papadopoulos, un joven «extraordinario» a quien en marzo del año pasado Trump citó como uno de sus principales asesores de política exterior. Ayer la portavoz de la Casa Blanca se refirió a él como «un voluntario» que tuvo un papel «extremadamente limitado». Tres días después de sumarse al equipo el joven lobista de 30 años envió un correo electrónico sugiriendo una reunión con Vladímir Putin. Alguien de más rango a quien no se nombra en los documentos judiciales le animó a volar a Moscú, donde solicitó reunirse con al menos seis políticos rusos, pero cuando el FBI le detuvo en julio pasado mintió sobre sus contactos con el entorno ruso.

La señal inequívoca de que ese «voluntario» de la campaña tiene información que ofrecer a la investigación de Mueller es que ha pactado con el una declaración de culpabilidad que prácticamente lo libra de la cárcel. Mueller perseguirá todos los crímenes que encuentre durante su investigación para probar un posible contubernio de la campaña de Trump con el Gobierno ruso para influir en las elecciones.

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