El ímpetu de Macron descoloca a Bruselas

Rescate de un grupo de inmigrantes en un bote hinchable a punto de hundirse cerca de la costa de Libia. :: stefano rellandini / reuters
Rescate de un grupo de inmigrantes en un bote hinchable a punto de hundirse cerca de la costa de Libia. :: stefano rellandini / reuters

El presidente francés anuncia por sorpresa que quiere impulsar centros de identificación de refugiados en Libia sin consultarlo con la UE

ADOLFO LORENTE

Bruselas. Macron por aquí, Macron por allá... Que si el presidente francés ha dicho esto, que si ha propuesto esto otro, que si... Europa está sufriendo una sobredosis de Emmanuel Macron. Ojo, bendita sobredosis. Pero claro, luego pasa lo que pasa, que su afán de protagonismo puede pillar con el pie cambiado a Bruselas, que se enteró por los periodistas de la rompedora propuesta de París para crear centros de identificación de refugiados, los llamados 'hotspots', en el avispero libio. El objetivo, dijo, evitar que decenas de miles de personas se la jueguen en travesías imposibles en el Mediterráneo central. Y en Libia, atención, esperan un millón de personas para pasar a Europa.

«De aquí a fin de año, no quiero a nadie más en las calles, en los bosques o perdidos. Quiero que por todas partes se construyan alojamientos de urgencia que permitan acogerlos», recalcó antes de apuntar que quiere impulsarlos ya este verano. Eso sí, fuentes del Elíseo matizaron que se actuará cuando las condiciones de seguridad lo permitan, algo que ahora no ocurre.

«El anuncio se ha hecho hace un cuarto de hora. Necesitaremos un poco de tiempo para discutir exactamente cuáles son los detalles de lo que se está proponiendo. Pero estamos, por supuesto, abiertos a discutir con cualquiera de nuestros estados miembros cómo podemos mejorar la situación en la ruta del Mediterráneo central», recalcó la portavoz comunitaria Natasha Bertaud. Salió como pudo, con una respuesta estándar que evidenció que el Gobierno francés había actuado por su cuenta sin consultarlo previamente con las autoridades comunitarias pese a tratarse de un asunto tan delicado.

El anuncio de Macron se produjo 24 horas después de que arrancase un alto el fuego entre las dos facciones que se disputan una Libia ingobernable desde 2011. No son pocos quienes suelen ironizar recordando que esto, con Berlusconi y Gadafi, no pasaba. Pero esto es pasado y el presente habla de una Italia desbordada por la masiva llegada de inmigrantes procedentes de este país africano. De los cerca de 100.000 que han arribado a Europa en lo que va de año, un 85% ha sido al país transalpino y apenas un 10% a Grecia, nación que sufrió hace dos años una gravísima crisis que logró solventarse convenciendo a Turquía a base de dinero y promesas políticas para que cerrase su costa y se hiciese cargo de los demandantes de asilo. La conocida como ruta del Egeo ya es historia.

Lo que busca la iniciativa de Macron es una suerte de segunda edición del acuerdo UE-Turquía para taponar el Mediterráneo antes de que estalle otra grave crisis en el seno de una Europa cuyos estados miembros demuestran que no están por la labor de acoger a los demandantes de asilo. Son cifras. De las 98.255 personas (sirios, sobre todo) que se comprometieron a recolocar desde Grecia e Italia sólo se han registrado 24.676 desplazamientos. El plazo fijado era de dos años y el programa acaba a finales de septiembre.

El problema es que Libia no es Turquía y no hay un interlocutor válido al otro lado con el que llegar a posibles pactos. De hecho, esta idea lleva ya tiempo encima de la mesa del Consejo Europeo, como evidencia la operación marítima 'Sophia' que combate a las mafias de traficantes y que busca ir más allá para poder actuar incluso en aguas libias. Pero para esto hace falta el plácet de Trípoli.

Además de echar un capote a la cada vez más enojada Italia, lo que busca Emmanuel Macron es agilizar los procedimientos de llegada a la UE tramitando todo de forma ordenada desde Libia. Eso sí, advirtió de que no habrá una barra libre, sino que serán «inflexibles» dando protección internacional a través del asilo a quienes la necesitan (que procedan, por ejemplo, de países en guerra). El resto, la gran mayoría, son considerados emigrantes económicos y para estos las fronteras europeas seguirán tan cerradas como siempre.

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