Guerreros nepalíes para proteger a Trump y Kim

Una patrulla de soldados gurkas vigilan la entrada del hotel Sangri-La, en Singapur. :: Edgar Su / reuters/
Una patrulla de soldados gurkas vigilan la entrada del hotel Sangri-La, en Singapur. :: Edgar Su / reuters

El mítico cuerpo de elite de los gurkas participará en la seguridad durante la cumbre que reunirá a los dos líderes en Singapur

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Si nada se tuerce de aquí al martes, algo que la volatilidad que caracteriza a Donald Trump y Kim Jong-un no permite descartar, el día 12 Singapur acogerá la cumbre más esperada del siglo. Los líderes de Estados Unidos y de Corea del Norte, acérrimos enemigos que han intercambiado insultos y amenazas de guerra nuclear, se verán las caras para hablar de paz. Cada uno de ellos irá protegido por un generoso séquito de guardaespaldas, entre los que se contarán los militares que corren a ambos lados de la limusina de Kim en una coreografía fascinante, pero la ciudad-Estado del sudeste asiático aportará a la seguridad una exótica nota de color: el mítico cuerpo de elite de los gurkas nepalíes será desplegado en las calles.

«Son una fuerza que se emplea sobre todo en el frente. Están entrenados, precisamente, para el tipo de operaciones que requieren esta clase de eventos», comentó Tim Huxley, analista del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos especializado en las fuerzas armadas de Singapur, en declaraciones a Reuters. Según la institución para la que trabaja Huxley, la ex colonia británica emplea a unos 1.800 gurkas, cuya seña de identidad es el virtuosismo del que hacen gala con el kukri. Se trata de una daga curvada que, según la tradición, si es desenvainada debe ser para derramar sangre. El lema de los gurkas no es menos drástico: «Es mejor morir que ser un cobarde».

Lógicamente, los gurkas del siglo XXI no son como los que humillaron al Imperio británico en el siglo XIX. Ya han adoptado rifles automáticos, pero el kukri lo siguen llevando como seña de una identidad que se forjó en zonas remotas de Nepal. Como sucede con los sherpas y el montañismo, su peculiar carácter guerrero les ha otorgado la admiración de los ejércitos en los que sirven, entre ellos el de Reino Unido -donde su número supera los 10.000- e India.

En el caso de Singapur, suelen ser reclutados en el montañoso distrito nepalí de Gorkha cuando cumplen la mayoría de edad. En la ciudad viven en un campamento con sus familias, tienen prohibido casarse con mujeres locales, no pueden salir de sus barracones a partir de medianoche, y se jubilan a los 45 años. «Son los más valientes entre los valientes, los más generosos entre los generosos y nunca un país ha tenido amigos más leales», los definió el siglo pasado el filólogo británico sir Ralph Turner MC.

Escapar de la pobreza

Fieles a esa reputación, 20.000 gurkas murieron durante la Primera Guerra Mundial, una contienda en la que otros 2.000 fueron galardonados por su bravura. En la siguiente contienda global también lucharon contra los nazis en Italia y contra los japoneses en Birmania. Un sacrificio que les ha valido 26 cruces de Victoria, la mayor distinción militar del Reino Unido.

Ahora son el equivalente nepalí de las fuerzas especiales estadounidenses y reciben un entrenamiento tan duro como el de sus homólogos americanos. Pero ellos no protagonizan películas heroicas y rara vez son mencionados fuera de círculos militares. Eso no impide que, cada año, 10.000 adolescentes traten de acceder a una de las 240 plazas de los regimientos gurkas británicos. Es, aseguran sus miembros en Australia, una de las fórmulas más seguras para escapar de la endémica pobreza que ha servido siempre de acicate para la creación de estos guerreros.

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