La guerra siria devuelve a Rusia su papel de superportencia mundial

Revista. Vladímir Putin presencia un desfile de soldados rusos en la base aérea de Hmeimim. :: M.. K. / efe /
Revista. Vladímir Putin presencia un desfile de soldados rusos en la base aérea de Hmeimim. :: M.. K. / efe

La intervención de Moscú cambió el curso del conflicto y permitió a Damasco recuperar el dominio sobre el país

RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ.

Pese a las estrechas relaciones que siempre mantuvo Moscú con el régimen de Damasco, ya desde la época soviética, y a la presencia de bases militares rusas en suelo sirio, el Kremlin se mantuvo al margen de la guerra que estalló en el país árabe en 2011. Sin embargo, el aislamiento internacional y las sanciones que Rusia tuvo que afrontar por la anexión de Crimea y la ayuda a los separatistas del este de Ucrania empujaron al presidente Vladímir Putin a proyectarse en otras zonas del planeta. Le obligaron a poner de manifiesto que su país seguía siendo una gran potencia.

No había mejor sitio que Siria para demostrarlo: la sangrienta guerra civil forzaba a su población a huir en masa hacia Europa mientras el Estado Islámico campaba a sus anchas y difundía atroces vídeos de sus ejecuciones. Cualquiera que actuase para luchar contra el terror y el caos en Siria lograría elevar su reputación internacional.

Cuando Rusia tomó la decisión de intervenir, Bashar el-Asad había perdido el control de más de dos tercios del territorio de su país en beneficio de los yihadistas. A partir de agosto de 2015, Rusia comenzó a enviar a Siria soldados, armas, barcos y aviones. Los primeros bombardeos se iniciaron el pasado 30 de septiembre.

La idea era mostrar que Rusia, más allá de lo que pudiera estar pasando en Ucrania, estaba dispuesta a emplear sus fuerzas para contribuir a eliminar la lacra del terrorismo. Es cierto que la mayor parte de los países de Occidente acusaron a Moscú de pretender, más que luchar contra el terrorismo, salvar a El-Asad. Y es lo que fundamentalmente ha hecho Putin. El pasado día 21 de noviembre en Sochi, tras recibir allí al dictador sirio, el máximo dirigente ruso aseguró que el Ejército de Damasco controlaba ya el 98% del país.

Según el Ministerio de Defensa ruso, el balance de más de dos años de intervención eran 30.000 incursiones aéreas, más de 90.000 objetivos destruidos, más de una decena de bombardeos efectuados desde navíos en el Mediterráneo y el Caspio, en los que se dispararon 70 misiles de crucero, y la devastación de las infraestructuras energéticas en las zonas controladas por el Estado Islámico a fin de cercenar su base financiera. También fue Putin el encargado de anunciar la victoria definitiva sobre los yihadistas el 6 de diciembre.

No cabe duda de que el presidente ruso utilizará a fondo este logro durante su campaña electoral, pese a los miles de muertos causados entre la población civil, las bajas rusas y el dinero dilapidado, pero queda por delante la difícil tarea de lograr un arreglo político en Siria que propicie la paz y la reconstrucción del país.

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