«En la guerra antidroga ha habido fallos, por eso estamos limpiando la Policía»

Cadáveres de dos sospechosos abatidos en una operación contra las drogas. :: FRANCIS R. MALASIG / efe
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Cadáveres de dos sospechosos abatidos en una operación contra las drogas. :: FRANCIS R. MALASIG / efe

El presidente Rodrigo Duterte prometió erradicar el narcotráfico con una sangrienta campaña que vuelve a recrudecerse Kimberly Molitas Portavoz de la Policía Nacional de Filipinas

ZIGOR ALDAMA MANILA.

Kimberly Molitas no tiene un trabajo fácil. Es portavoz de la Policía Nacional de Filipinas (PNP por sus siglas en inglés), posiblemente el cuerpo de seguridad más criticado del mundo. Siempre ha operado bajo la sospecha generalizada de corrupción y arbitrariedad, pero su papel nunca ha sido tan cuestionado como desde que Rodrigo Duterte accedió a la presidencia de la excolonia española, el 30 de junio del año pasado. El político populista hizo de la guerra contra el crimen -y más concretamente contra la droga- su bandera, y ha cumplido su promesa de utilizar su puño de hierro contra los maleantes. Hasta el punto de que la propia Molitas reconoce que la campaña antidroga se ha cobrado casi 4.000 vidas, incluidas las de unos 60 niños.

Algunas ONG pro derechos humanos elevan la cifra de muertos hasta los 13.000 y afirman que la inmunidad de facto que Duterte ha concedido a la Policía y a los escuadrones de la muerte que operan sin uniforme es el caldo de cultivo perfecto para ejecuciones extrajudiciales.

La lluvia de críticas hizo que en octubre Duterte retirase a la PNP de operaciones que quedaron en manos de la agencia antidroga, pero el pasado día 6 volvió a ordenar su involucración. «¡Podéis iros al infierno!», les dijo a las organizaciones humanitarias después de afirmar que no permitirá que Filipinas se convierta en un 'narcoestado'. Molitas pasó cinco años infiltrada en redes de narcotráfico y otro lustro más en la agencia antidroga. Es la responsable de hacer creer que la 'guerra contra la droga' es la única solución.

-Sin embargo, teniendo en cuenta que las operaciones se han reanudado, no parece que esté surtiendo efecto.

-Al contrario. La campaña está siendo un éxito. Cuando la PNP se retiró de las operaciones se habían reducido en un 39% los crímenes contra las personas, sobre todo las violaciones y los robos, que suelen ser cometidos en su mayoría por criminales bajo el efecto de las drogas. Si Duterte ha vuelto a involucrarnos es, precisamente, porque los índices de criminalidad habían vuelto a crecer. Nunca antes un Gobierno había puesto la lucha contra la droga como prioridad y lo valoro, aunque soy apolítica.

-Pero les acusan de estar llevando a cabo una limpieza social basada en ejecuciones extrajudiciales.

-En primer lugar, quiero dejar claro que nuestras operaciones cuentan con un amplio apoyo social. En segundo lugar, aunque es evidente que ha muerto mucha gente, no es cierto que el objetivo sea aniquilar a drogadictos y narcotraficantes. De hecho, se habla muy poco de cóm o se ha dado una nueva oportunidad a los 1,3 millones de personas -de los cuatro millones supuestamente involucrados en el mundo de la droga en Filipinas- que se han entregado voluntariamente para recibir tratamiento y cursos para generación de ingresos. De esto la prensa no habla porque venden más los asesinatos.

-¿Quiere decir que los cientos de familias que afirman haber sido víctimas de asesinatos encubiertos por la Policía mienten?

-No, obviamente eso no es posible. Es cierto que en la guerra contra la droga se han cometido errores, por eso estamos limpiando la Policía. En 45 días se ha despedido a un millar de agentes, cientos han sido reasignados a otros lugares para evitar la corrupción, se han llevado a cabo pruebas de drogas y se han puesto en marcha cursos de derechos humanos obligatorios. Quienes no aprueben los dos últimos no podrán reincorporarse.

-¿Supone eso que esta segunda ola de la campaña antidroga se llevará a cabo con mayores garantías para los ciudadanos?

-Sí. Hemos comenzado a distribuir cámaras personales entre los agentes, aunque la falta de presupuesto no permite generalizarlas. Además, aunque nuestros 185.000 agentes serán quienes lleven a cabo las operaciones, siempre estarán lideradas o supervisadas por alguno de los 1.800 efectivos antidroga.

-Algunas ONG temen que ahora la Policía deje el trabajo sucio a los escuadrones de la muerte y denuncian que hace la vista gorda cuando estos cometen asesinatos.

-No es cierto, aunque sí se han dado casos en los que las escenas de los crímenes no se han tratado con la debida profesionalidad. Es algo que debe cambiar.

-Sorprende la falta de cámaras de seguridad y el ingente número de muertes sin resolver.

-Las investigaciones llevan tiempo y trabajamos en condiciones adversas. Muchos asesinatos se cometen en zonas muy depauperadas en las que apenas hay infraestructura de seguridad y en las que resulta muy difícil recabar pruebas. Pero apostamos por la transparencia, queremos instalar más cámaras para valernos de la tecnología y también permitir que la prensa nos acompañe en las operaciones.

-Se les critica que únicamente atacan a pequeños traficantes y a drogadictos. ¿Qué pasa con los peces gordos?

-A esos nunca se les coge con las manos en la masa. Y tienen amigos muy arriba. La diferencia ahora es que Duterte no teme ir contra ellos.

-No obstante, hace poco se supo que la Aduana había permitido la entrada de un contenedor con 800 kilos de metanfetamina procedente de China.

-Es verdad que las fronteras son porosas y que la corrupción persiste. Filipinas está compuesta de cientos de islas que son difíciles de patrullar y que ofrecen un acceso fácil a los narcotraficantes, sobre todo de China. Afortunadamente, ya no contamos con laboratorios en nuestro territorio. Esperamos que en 2018 aumente nuestro presupuesto para responder a todos los retos.

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