La gran duda: ¿una cruzada utilizada con fines políticos?

Z. ALDAMA SHANGHÁI.

A pesar de los buenos números, diferentes casos han reavivado la gran duda que provoca esta cruzada contra la corrupción: ¿Está siendo utilizada con fines políticos para acallar a quienes critican el liderazgo de Xi? La opacidad del régimen hace imposible dar una respuesta a esa pregunta, pero las sospechas son razonables. La historia de Guo Wenhui es una de esas que las alientan. Este multimillonario chino, exiliado en un apartamento de 60 millones de euros en Nueva York, está buscado en China por fraude y corrupción. Él, sin embargo, afirma ser víctima de una caza política porque se ha atrevido a denunciar que la familia del principal encargado del aparato anticorrupción es propietaria en secreto de un gran conglomerado empresarial. También asegura que está en posesión de información potencialmente desestabilizadora sobre importantes casos de soborno y malversación. «No podemos combatir la corrupción con más corrupción», dijo en una entrevista con el diario 'The New York Times'.

De hecho, el propio responsable del organismo anticorrupción, Wang Qishan, advirtió hace unos días de que el problema todavía es una plaga endémica en China. «Existe una organización débil, una disciplina blanda, y una cultura política malsana», aseguró en un artículo sorprendentemente crítico publicado por el 'Diario del Pueblo'. Wang lanzó el dardo poco después de que otro alto cargo del Partido, el secretario de la formación política en Chongqing y uno de los nombres que más aparecía en las quinielas de los próximos miembros del Comité Permanente del Politburó, Sun Zhengcai, fuese detenido por «una violación severa de la disciplina».

Teniendo en cuenta que con esas mismas palabras arrancaron los mayores escándalos políticos del país -la caída de Bo Xilai primero y la de Zhou Yongkang después-, todo apunta a que la 'limpieza' de China va a continuar dando de qué hablar. Pero, en esta ocasión, para bien. Porque Pekín puede servir de ejemplo para que otros países comiencen a atajar una lacra que lastra tanto el crecimiento económico como el avance social.

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