La 'gran coalición' resquebraja el SPD

El líder socialista, Martin Schulz, durante una rueda de prensa. :: reuters/
El líder socialista, Martin Schulz, durante una rueda de prensa. :: reuters

Los socialistas alemanes, más divididos que nunca, se reúnen hoy en Bonn para decidir si se sientan a negociar con Merkel

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Nunca el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) se había mostrado tan dividido. La formación política más antigua de Alemania, con casi 155 años de historia, atraviesa la peor crisis de las últimas décadas sumida en un duro debate sobre su participación como socio menor en el nuevo ejecutivo a las órdenes de la conservadora Angela Merkel. La renovación de la gran coalición con la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU), contra la que se ha rebelado un amplio sector del tradicional partido de izquierdas germano, centra el congreso extraordinario del SPD que se celebra hoy en Bonn y al que asistirán más de 600 delegados.

Tras el éxito de los sondeos hace una semana entre las dos principales formaciones políticas alemanas, el SPD debe decidir, no ya si aprueba esa gran coalición -algo que queda para más adelante-, sino tan solo si negocia con los conservadores los términos de la misma.

Una decisión por tomar que ha abierto de antemano grietas profundas entre las alas del partido, pero también entre generaciones y los distintos estados federados. Tanto el ala izquierda de los socialdemócratas como los 'Jusos', las juventudes socialistas, y algunas ejecutivas regionales como la de la ciudad-estado de Berlín, se oponen radicalmente a una reedición de la gran coalición y rechazan incluso sentarse a negociar con CDU/CSU las condiciones para esa posible alianza. Son las bases del SPD las que ofrecen mayor resistencia, escarmentadas por la experiencia de los dos anteriores pactos de gobierno con los conservadores en la primera y la tercera legislatura de gobierno de Merkel (2005-2009 y 2013-2017). Ambas experiencias finalizaron con pésimos resultados electorales para los socialdemócratas. En los comicios legislativos del pasado otoño sufrieron incluso el peor descalabro de su historia y solo sumaron un 20,5% de votos, cinco puntos menos que cuatro años antes.

En medio de la confrontación se encuentra su presidente, Martin Schulz, celebrado con motivo de su nombramiento hace menos de un año como el mesías de la socialdemocracia alemana y la izquierda europea. Un optimista sin éxito que ha quedado escaldado por las derrotas electorales sufridas por el SPD el pasado año. Tras el fracaso de su formación en los comicios generales, Schulz anunció la misma noche electoral del pasado 24 de septiembre que su partido pasaría a liderar la oposición y en ningún caso negociaría con los conservadores de Merkel una nueva coalición de gobierno. Una promesa que tuvo que tragarse a finales de noviembre cuando fracasaron las conversaciones entre CDU/CSU, liberales y verdes para una novedosa e inédita alianza de gobierno. Presionado por el presidente federal, Frank Walter Steinmeier, que apeló a su responsabilidad de estado, Schulz se vio obligado a dar marcha atrás con sus promesas y a conducir a su partido a un indeseado nuevo matrimonio con los conservadores, a una nueva 'Grosse Koalition', la temida 'GroKo'.

Presión sobre Schulz

Desde entonces la presión sobre Schulz no ha hecho sino aumentar, mientras se agrava la situación del SPD. Un partido que, como dicen en Alemania, debe «escoger entre la peste y el cólera»; entre someterse a una nueva coalición a las órdenes de Merkel con el peligro de perecer bajo su abrazo de boa constrictor sin sacar provecho del bono de gobierno o forzar la celebración de elecciones anticipadas bajo el riesgo de caer al vacío, ya que todos los sondeos demoscópicos indican que los socialdemócratas empeorarían apreciablemente sus resultados de otoño pasado.

Lo que está claro para todos los observadores políticos en Alemania es que el SPD se juega hoy el futuro de su cúpula política. Un voto en contra de la apertura de las negociaciones para una gran coalición con los conservadores supondría sin duda el fin de la era Schulz, pero también amenazaría el futuro de otros líderes que se han comprometido con esa apuesta como la líder parlamentaria, Andrea Nahles, o su carismática vicepresidenta Malu Dreyer.

Schulz, Nahles y Dreyer, entre otros dirigentes socialdemócratas, han renegado de la 'GroKo' y ahora la respaldan ante la falta de otras alternativas para dar un gobierno estable a Alemania que no sea un retorno a las urnas. También con la vista puesta en Europa. La principal economía del continente lleva cuatro meses sin nuevo ejecutivo y con un gobierno en funciones.

Si no fragua la gran coalición se paraliza el proceso para la refundación y renovación de la Unión Europea iniciado por presidente francés, Emmanuel Macron, y se comprometen las negociaciones para el 'brexit', que deben culminar el próximo otoño. La falta de un liderazgo sólido alemán y de un efectivo eje franco-germano daría alas a las fuerzas euroescépticas en el seno de la propia UE, pero también a las externas, como los presidentes de Rusia y Estados Unidos, Vladimir Putin y Donald Trump.

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