El «gran carnaval» de la solidaridad

Conmovidos por el drama, mil voluntarios se vuelcan para ofrecer comida gratis, ropa, medicinas y traductores

P. M. DÍEZ MAE SAI.

En la película 'El gran carnaval', el genial Billy Wilder disecciona las miserias del periodismo y de la sociedad, a cuenta de un minero atrapado en un pozo. Explotado por un reportero sin escrúpulos, su rescate se convierte en un espectáculo mediático del que no se libra nadie, ni su ambiciosa esposa ni el político corrupto de turno. Lo mismo, pero justamente al revés, está ocurriendo con el drama de los doce niños atrapados junto a su entrenador de fútbol en una cueva de Tailandia.

Al igual que en la película, una multitud se ha plantado ante la boca de la caverna esperando la salida de los muchachos. Pero, al contrario que en la película, no para alimentar su morbosa curiosidad, sino para ayudar. Con el fin de asistir al millar de efectivos de rescate desplegados en esta operación, un número similar de voluntarios ha montado carpas donde ofrecen gratis desde comida hasta ropa, medicamentos y botas de agua para moverse por el enfangado terreno.

«Hemos venido aquí con todo el corazón para ayudar en lo que podamos a los equipos de rescate», explica a este diario Pichchayathon Sammienglam, una funcionaria del gobierno provincial que pertenece a la asociación Voluntarios de la Monarquía. Actuando en nombre de dicha institución, venerada en Tailandia por el cariño que sus súbditos le profesaban al difunto rey Bhumibol, se dedica a preparar raciones de arroz glutinoso con pollo o cerdo para los extenuados soldados, policías, bomberos, socorristas, ingenieros y albañiles que se afanan por sacar a los niños a la superficie. «Para mí, son como mis sobrinos. Aunque estoy muy triste por lo que les ha pasado, todos aquí somos optimistas y estamos convencidos de que van a salir bien de la cueva», asegura sonriente.

Divididas por idiomas, desde el inglés hasta el español pasando por el francés y el chino, un grupo de intérpretes también ayuda gratis a los periodistas a traducir las ruedas de prensa de las autoridades y las preguntas que estos quieran hacer en el campamento.

Contagiándose de esta cortesía, los reporteros respetan la intimidad de las familias de los niños atrapados, a quienes los psicólogos han recomendado no conceder entrevistas para no ahondar aún más en su dolor. Y por la carretera, las furgonetas y motos suben sin preguntar a todo el que se encuentran para que pueda contribuir, haga lo que haga, a este «gran carnaval» de la solidaridad.

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