La frontera de EE UU, «colapsada» por 40 peticiones de asilo

Las autoridades dicen estar desbordadas por la llegada de la caravana de inmigrantes pese a que aún no habrían procesado ninguna solicitud

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.

El miedo colectivo siempre ha sido la estrategia política de Donald Trump desde que lanzó su campaña para ganar votos y, en este caso, apoyo financiero para su muro. «¿Habéis visto el lío que tenemos en la frontera con la caravana que viene?», dijo el sábado.

Lo que llegó el domingo al puesto fronterizo de San Diego son unas 150 personas, la mayoría mujeres y niños, que huyen de la violencia desatada en Centroamérica por las políticas de EE UU. Son menos que los 8.000 haitianos que se agolparon en la frontera durante los últimos meses del Gobierno de Obama y pocos más que los 108 que llegaron en abril del 2017 en esta caravana que Pueblos Sin Frontera organiza cada año.

Lo que ha cambiado es que su presencia coincide con la frustración del presidente ante un Congreso que aprobó el mes pasado los presupuestos sin una partida significativa para financiar el muro que le ha prometido a sus seguidores.

El muro es una hipérbole, como la caravana. Buena parte de la frontera ya está separada de México por muros o vallas, como la que cruza el mar entre las playas de Tijuana y San Diego. Madres, hijos y abuelas se sentaban ayer debajo de una carpa para protegerse del sol, a la espera de que Inmigración les permita presentar sus solicitudes de asilo político, como obliga la Convención de Refugiados de 1951. En EE UU es necesario hacerlo en persona.

El mayor desorden que existe estos días en la frontera es el que se han encontrado las 40 personas con más posibilidades de cualificar para asilo político, que en la madrugada del lunes trataron de presentar sus casos. Con ellas el comisionado de Aduanas y Protección fronteriza de San Ysidro, Kevin McAleenam, dio por «colapsada» ayer su capacidad. Los organizadores de la caravana dicen que todavía no han aceptado ninguna petición, ni han dejado entrar a ningún migrante. « Nadie ha hablado con nosotros», confirmó Alex Mensing, de Pueblos Sin fronteras.

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