El fiscal especial Mueller quiere interrogar a Trump

Mueller durante una ceremonia en Washington. :: J. Ernst / reuters/
Mueller durante una ceremonia en Washington. :: J. Ernst / reuters

La investigación sobre la influencia rusa durante la campaña electoral para la presidencia se acerca al jefe de la Casa Blanca

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

A Donald Trump se le llena la boca diciendo que él no está bajo investigación pero eso solo lo sabe el fiscal especial Bob Mueller. Y según dos medios de comunicación, Mueller quiere interrogar al presidente, aunque todavía no haya presentado una petición formal. Puede que todo sea cuestión de tiempo. O cuestión de forma.

Lo más probable es que el público nunca llegue a ver al presidente frente a un tribunal, a no ser que Mueller se vea obligado a forzarle a aparecer delante de un Gran Jurado. Eso sería lo último que desean los abogados de Trump, que en esas circunstancias no podrán estar a su lado para protegerle durante el interrogatorio. Según la cadena NBC, el presidente habría propuesto zanjar el asunto con una declaración jurada de que él no tuvo nada que ver con la trama rusa, algo que ha desatado la risa.

Quienes están al tanto de la investigación dicen que los investigadores del fiscal especial Bob Mueller parecen estar más interesados en las conexiones rusas de su exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn y en el despido del director del FBI James Comey que en la colusión de la campaña con Rusia. Eso significaría que el caso que más cuerpo ha cobrado es el de obstrucción a la justicia, el mismo que costó la presidencia a Richard Nixon y puso a Bill Clinton frente al 'impeachment'.

Clinton es la referencia más cercana que tiene el equipo legal de Ty Cobb, abogado jefe de la Casa Blanca desde que su predecesor dimitió en julio pasado. Las reticencias de Clinton forzaron al fiscal especial Kenneth Starr a presentarle una orden para declarar ante un Gran Jurado, pero acabó pactando que fuera en el Despacho Oval. Fue esa declaración bajo juramento la que sirvió para demostrar que había mentido sobre sus relaciones con Monica Lewinsky, que nada tenían que ver con el objeto inicial de la investigación. Dada la tendencia de Trump a los «hechos alternativos», sus abogados preferirían que conteste a las preguntas por escrito, pero quienes conocen a Mueller dudan que deje pasar la oportunidad de interrogarle cara a cara.

«Hipérboles verídicas»

No sería la primera vez que Trump se sienta ante un fiscal. Con más de 2.000 demandas a sus espaldas, el actual presidente tiene práctica en los tribunales y ha demostrado una gran disciplina para contenerse cuando está bajo juramento. Lo que él mismo ha bautizado como «hipérboles verídicas» o «inocentes formas de exageración» no llegan a ver la luz en esas circunstancias. Sin embargo, nunca ha tenido delante a alguien del calibre de Mueller, un abogado de Princeton y condecorado marine en Vietnam que ha sido el segundo director que más tiempo ha pasado al frente del FBI desde J. Edgard Hoover.

De la investigación sobre la trama rusa que tiene entre manos han surgido ya cargos contra cuatro colaboradores de Trump -el exjefe de campaña Paul Manafort, su socio Rick Gates, el asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn y el de Política Exterior George Papadopolous. Algunos creen que hasta ahí llegará el daño. Otros piensan que no ha hecho más que empezar. La Casa Blanca insiste en que la investigación está a punto de terminar, pero precisamente lo inquietante de Mueller y su equipo es esa opacidad que les permite guardar en secreto su siguiente paso hasta que tienen a la presa contra la pared.

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