La familia de Ullah se queja de la Policía

Pese a que el atentado resultó fallido, se activó de inmediato un imponente despliegue policial. :: reuters/
Pese a que el atentado resultó fallido, se activó de inmediato un imponente despliegue policial. :: reuters

El entorno del terrorista de Nueva York denuncia que, durante el registro, los menores del clan estuvieron varias horas en la calle bajo un clima gélido

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Antes de salir de casa dispuesto a convertirse en mártir, Akayed Ullah escribió un mensaje en Facebook destinado a ser su epitafio. «Trump, fallaste en proteger a tu nación». Para cuando la Policía encontró el mensaje ya estaba claro que el único que había fallado había sido él, ingresado en el hospital de Bellevue. Los otros tres heridos solo sufrieron dolor de cabeza y zumbido en los oídos.

Ante la noticia de cualquier tiroteo la comunidad musulmana de EE UU reza para que el autor no sea uno de ellos. La peor pesadilla es que pertenezca a la familia. La de Ullah vio de inmediato su vida y sus casas patas arriba. Sus sobrinos de hasta 4 años en mangas de camisa a la intemperie en la calle durante horas, con temperaturas gélidas que rozaban los cero grados. La Policía los custodiaba sin compasión mientras interrogaba a sus padres. A un adolescente, presumiblemente hermano del presunto terrorista, lo sacaron de clase para interrogarlo sin permiso de sus padres ni presencia de abogado alguno, según denunció la familia a través del Council on American Islamic Relations (CAIR).

«Tenemos el corazón roto por el ataque de hoy a nuestra ciudad y por las acusaciones que se han hecho contra un miembro de nuestra familia», dijo esta en un comunicado, donde sus miembros aseguran estar comprometidos con la seguridad y el bienestar de todos los neoyorquinos. «Pero estamos igualmente indignados por la conducta de las fuerzas del orden en la investigación».

Entre las autoridades no había el menor signo de remordimiento. La prioridad era «asegurarse de que actuó solo y no había cómplices sueltos», explicó el comisionado adjunto para antiterrorismo de Nueva York John Miller. El fiscal en funciones ha prometido al acusado una justicia «dura, imparcial y veloz». En cuestión de horas los agentes habían interrogado incluso a sus tíos, primos y esposa en la región bangladesa de Chittagong, a los que visitó durante seis semanas en septiembre pasado.

Declarará desde el hospital

Ayer, poco más de 24 horas después del atentado, el fiscal presentó cinco cargos contra él en un tribunal federal. Ullah, que sufrió quemaduras en el abdomen debido a la explosión fallida de la bomba que él mismo fabricó en una semana siguiendo instrucciones de internet, tendrá que declarar ante la jueza Katharine Parker por videoconferencia desde su cama del hospital.

No tuvo problemas en rechazar su derecho a no hablar sin presencia de un abogado. Contó orgulloso a la Policía que lo había hecho «por el Estado Islámico», al que empezó a seguir en 2014 a través de vídeos por internet. La ofensiva estadounidense contra la organización en Siria le indignó tanto que hace un año empezó a buscar información para construir una bomba con la que vengarles en Nueva York. Todos los ingredientes los adquirió poco a poco sin demasiada sofisticación, unas luces de Navidad, unas tuberías que encontró en la obra en que trabajaba de electricista y un puñado de tornillos. Junto a los tornillos sobrantes, la Policía encontró en su casa su pasaporte estadounidense, otrora arduamente conseguido a través del programa de reunificación familiar al que recurrió su tío, ahora garabateado a mano con rencor. «Oh, América, muere en tu rabia».

Su objetivo era causar el mayor número de víctimas, por eso eligió el metro a hora punta, pero a falta de una tragedia mayor, bien por suerte o por incompetencia, el pánico que buscaba no llegó. «No podemos dejar de vivir», dijo tranquilamente a las cámaras Louis Bernier, uno de los pasajeros del metro que intentó volar Ullah. «Aquí el mes pasado fue el carril-bici, ahora esto. Te diré que a mí me preocupa más el descarrilamiento de esta línea el verano pasado», zanjó. Y así la realidad cotidiana se imponía a eventos extraordinarios que se han vuelto demasiado comunes.

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