May se evade de nuevo de sus perseguidores

Protesta contra el 'brexit' en el Parlamento. :: H. Nicholls / REUTERS/
Protesta contra el 'brexit' en el Parlamento. :: H. Nicholls / REUTERS

Para evitar una derrota incorpora al polémico presidente del Parlamento a las escenas finales del 'brexit'

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

Theresa May iba a caer la pasada semana, ayer o quizá caiga la próxima. En cuanto llegue el verano sus ministros conspirarán para derribarla. Y si no es en verano, será en otoño. De noviembre no pasa. Y si logra firmar un acuerdo con la Unión Europea sobre el 'brexit' habrá sido un milagro, pero los 'tories' se librarán de ella sin que la tinta se seque.

Un párrafo similar al anterior podría haberse publicado hace un año, cuando convocó unas desastrosas elecciones, o en los meses transcurridos desde entonces. Pero May avanza, torpe, oportunista, aplazando la batalla final. El Partido Conservador, el grupo más antiguo del sistema británico, despliega su instinto de supervivencia y de poder.

La batalla de estos días no era la final, sino sobre el final. ¿Qué ocurrirá en noviembre y diciembre y en el principio de 2019 cuando el Gobierno presente al Parlamento el acuerdo con Bruselas o lo anuncie? La disputa se ha resumido en si Comunes y Lores tendrían «un voto significativo». El contexto es la tramitación de la Ley de Marcha de la UE, que incorpora a la legislación británica el acerbo comunitario, para que no haya un vacío legal pavoroso en marzo de 2019. En el proyecto de ley se describen los procedimientos para tramitar esa fase final.

Una enmienda de rebeldes conservadores en los Comunes y apoyada en los Lores corregía la redacción del Gobierno para darle al Parlamento el poder de instruir al Ejecutivo sobre cómo debería negociar en caso de que no hubiese acuerdo o de que no gustase a los diputados. Expertos constitucionales han librado finos duelos al respecto en las páginas de opinión. Hace una semana May prometió aceptar buena parte de los argumentos de los rebeldes 'propermanencia' para evitar una derrota. Pero a las tres horas el ministro David Davis, propenso a la bronca y a la amenaza de dimisión, publicó una declaración negando que el Gobierno hubiese aceptado que sus manos quedasen atadas para negociar. Él es, nominalmente, el negociador.

Empezó entonces el ping-pong entre Comunes y Lores. El texto de la ley, con la versión de Davis, fue a la Cámara alta, que lo enmendó en la línea sugerida por los rebeldes de la baja. Se describía un calendario de mociones del Gobierno que podrían ser enmendadas por el Parlamento, mientras que Davis exigía 'mociones neutrales' que no se pueden enmendar.

El acuerdo logrado ayer dice que será el presidente de los Comunes quien decida si la moción que presente el Gobierno es neutral, y no puede enmendarse; o sustancial, y se puede cambiar. Los diputados, se dice en el folio del acuerdo, podrán además presentar mociones para ser votadas; algo que hacen más o menos desde la Revolución Gloriosa del XVII.

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