Estupor y repulsa en Argentina por la excarcelación del represor Etchecolatz

La hija del excomisario ha expresado su rechazo a la concesión del arresto domiciliario por considerarla «una amnistía encubierta»

MARCELA VALENTE

Buenos Aires. Condenado cinco veces a cadena perpetua, el excomisario de policía argentino Miguel Etchecolatz, arquetipo del represor durante la dictadura militar (1976-83), está desde ayer bajo arresto domiciliario en virtud de una controvertida resolución judicial. Para una docena de organismos de derechos humanos, el beneficio es «un retroceso gigantesco» y «un agravio a la democracia». Hasta su hija repudió la gracia judicial, que considera «una amnistía encubierta».

Etchecolatz tiene 88 años y estaba en un penal común. Fue condenado por gravísimos delitos cometidos durante los años del terror tales como secuestros, torturas, homicidios y apropiación de niños. Aun en prisión conservaba poder e influencia y siguió cobrando el salario de policía hasta hace unos meses. En 2006, durante uno de los juicios en su contra, Jorge Julio López, un testigo clave de los delitos cometidos por el comisario, desapareció y nunca más se supo de él. Su hijo Rubén estaba ayer indignado: «Es como dejar libre a Hitler».

El tribunal consideró que dada su avanzada edad y «delicado estado de salud», el condenado debía ser objeto de beneficio penitenciario. Sin embargo, los peritos médicos habían señalado en su informe que, si bien Etchecolatz padecía algunos achaques, no tenía una enfermedad incurable, y que en caso de crisis había sido siempre trasladado al hospital penitenciario donde era atendido con eficacia. Los peritos adelantaron que cuestionarán la decisión judicial.

El hijo de López denunció que «el poder político está presionando a los jueces» a favor de los criminales de la dictadura. Aludió así al Gobierno de Mauricio Macri, favorable al ablandamiento de sus penas.

Entre las condenas impuestas a Etchecolatz, una fue por la desaparición de un grupo de adolescentes secuestrados y torturados en el marco de una protesta para exigir el pasaje estudiantil gratuito en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. El caso es conocido como la 'noche de los lápices' y fue recreado en un largometraje.

Para los organismos de derechos humanos, su arresto domiciliario es «un agravio a la democracia» y recordaron que el excomisario «jamás mostró arrepentimiento».

Etchecolatz ya había obtenido el arresto domiciliario en otras causas. Pero esta semana recibió el beneficio en la última y ayer fue trasladado desde el penal a su residencia en la ciudad balnearia de Mar del Plata, a 400 kilómetros al sur de Buenos Aires.

El represor vivirá allí con su segunda esposa. El resto de la familia lo repudia. Su hija, Mariana Dopazo, reveló que en 2014 pidió a la Justicia el cambio de apellido. Psicoanalista y docente universitaria, padecía el escarnio de un apellido que es emblema de la represión extrema. Dopazo dijo que su padre «no es un loco, es un ser infame, un narcisista malvado sin escrúpulos». Reveló que de niña la golpeaba y ella rogaba que se muriera. Tenía amenazada a su madre. «Si te vas, te pego un tiro», le decía.

No obstante, la exesposa logró dejarlo y vive en el extranjero. Dopazo se quedó pero no ve a su padre desde 1985. Ayer firmaba, junto a otros hijos e hijas de represores, un escrito titulado 'Hoy volvemos a sentir el perfume del terror'.

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