La esperanza euroasiática del socialismo francés

El desconocido diputado Olivier Faure, hijo de refugiada vietnamita, asume el liderazgo de un PS moribundo tras la calamitosa 'era Hollande'

PARÍS.

El desconocido diputado Olivier Faure, de 49 años, es entronizado hoy nuevo secretario general del moribundo Partido Socialista (PS) francés en el 'congreso del renacimiento' que se celebra desde ayer en Aubervilliers, a las puertas de París. Sin experiencia gubernamental ni carisma, este hijo de refugiada vietnamita asume la misión tal vez imposible de rescatar a la otrora formación hegemónica en la izquierda gala de la crisis más grave de su historia tras haber perdido durante la calamitosa etapa de François Hollande en el Elíseo (2012-2017) todos los resortes de poder que atesoraba: jefatura del Estado, Gobierno, Cámara de los Diputados, Senado y la mayor parte de regiones, provincias y capitales.

Jurista de formación, titulado en Derecho y Ciencias Políticas, Faure debe sus rasgos de mestizaje euroasiático a la unión de una enfermera vietnamita de raíces chinas con un funcionario francés de Hacienda de origen español. Su madre Tû Ngoc Diep, 'Flor de jade', nació a finales de los años treinta cerca de Saigón, en una familia de ricos terratenientes que perdió todo en la guerra con Estados Unidos.

El George Clooney de la política, como le ha bautizado su camarada Julien Dray, ha dado por fidelidad familiar nombres vietnamitas a sus cuatro hijos: Anh Dao (flor de cerezo), Minh Tri (espíritu iluminado), Quang Long (dragón de luz) y Quon Hai (océano de luz). Su pareja, Soria Blatmann, ofició en el gabinete de Emmanuel Macron antes de incorporarse al equipo de la exministra de Cultura Audrey Azoulay en la dirección de la Unesco para evitar conflicto de intereses doméstico.

Afiliado al PS a los 16 años, Faure trabajó con Martine Aubry cuando lanzó la ley de las 35 horas semanales desde el Ministerio de Trabajo (1997-2000) y con François Hollande durante los años en los que dirigió el partido en la oposición (2000-2007). Elegido diputado en 2012, en 2014 fue nombrado portavoz de la formación y dos años más tarde presidente del grupo parlamentario donde se esforzó por conciliar con escaso éxito a los sectores crítico y oficialista.

El superviviente de la debacle electoral de 2017, cuando la bancada socialista se vio dividida por diez de casi 300 a una treintena de escaños, se ve obligado a yugular la sangría de cuadros y militantes. Manuel Valls y Benoît Hamon, los finalistas de las primarias en la izquierda moderada, han abandonado un partido en cuyo futuro no creen. «El PS ha muerto», pregona el ex primer ministro barcelonés, ahora adscrito al grupo de la mayoría presidencial de Emmanuel Macron.

Una casa en ruinas

Hamon, con quien Faure compartió piso durante dos años, certifica el acta de defunción de una socialdemocracia europea que sólo gobierna en cinco de los 27 Estados de la Unión Europea (Portugal, Suecia, Rumanía, Eslovaquia y Malta) y ha perdido Austria, Italia y República Checa en los últimos seis meses. El excandidato socialista al Elíseo ha fundado el movimiento Génération.s tras arrastrar a los suyos al fondo histórico electoral con un irrisorio 6,36% en las presidenciales.

Faure hereda una casa en ruinas con los inquilinos desahuciados de su histórica sede en la calle Solferino, un señorial edificio de 3.000 metros cuadrados a dos pasos de la Asamblea Nacional, que han tenido que vender a una sociedad de gestión inmobiliaria por 45,5 millones de euros para sanear sus maltrechas finanzas. La reconstrucción busca solar en un territorio constreñido a la izquierda por el movimiento Francia Insumisa liderado por Jean-Luc Mélenchon y a la derecha por la competencia macronista de La República en Marcha.

«Sin el PS como fuerza central capaz de aglutinar desde el centro-izquierda hasta la izquierda de la izquierda, toda la izquierda desaparece», advierte la nueva esperanza rosa de la política francesa. Partidario de ejercer una oposición «responsable y no automática» a Macron, preconiza una línea doctrinal «verdaderamente de izquierdas y verdaderamente realista».

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