Los escándalos desbordan al Gobierno británico

I. GURRUCHAGA NDRES.

lo Una mujer joven que fue miembro del Partido Conservador afirmó ayer anónimamente en un programa de la BBC que fue violada por un hombre que trabajaba para un diputado. Lo denunció a la Policía, que cerró el caso más tarde por falta de pruebas, y a un secretario del Parlamento para que informase a las personas con poder para actuar. La ministra responsable de relaciones con la Cámara de los Comunes, Andrea Leadsome, que la pasada semana provocó la dimisión del ministro de Defensa, Michael Fallon, denunciando a May que le había espetado hace seis años una grosería sexual, afirma que se le informó vagamente de una cultura de abuso, pero sin menciones a una violación.

El entonces jefe de disciplina del grupo parlamentario, Gavin Williamson, que ha sustituido a Fallon, afirma que no fue informado. El secretario del Parlamento no revela a quién informó y puntualiza que, dado que el delito no ocurrió en el edificio parlamentario, que había ya una investigación penal y que la denunciante no era empleada de la casa, la supuesta violación era un asunto que no concernía a las autoridades de la Cámara de los Comunes.

La primera ministra dijo ayer que ha conocido recientemente los casos publicados por la prensa y otros que no se han publicado. Se reunió con otros líderes para crear un sistema independiente de quejas, que los empleados de los diputados tienen que plantear ahora al mismo diputado que les emplea. Varios casos han mostrado que los jefes del grupo parlamentario fueron informados de acosos y abusos, pero no actuaron.

Debilitar el 'brexit'

El Gobierno de Theresa May quisiera contener lo más rápidamente posible el descrédito, pero está pendiente de la investigación de las acusaciones contra el viceprimer ministro, Damian Green, casado con su mejor amiga en la Universidad de Oxford. Quiere evitar también que haya dimisiones forzosas de parlamentarios, y elecciones locales que debiliten aún más su gestión del 'brexit'.

En ese contexto, May tuvo que llamar la atención a su ministra para Ayuda al Desarrollo, Priti Patel, que en agosto mantuvo doce entrevistas en Israel, incluyendo una con el primer ministro, Benjamin Netanyahu, sin informar al Ministerio de Exteriores. Patel, con ambiciones de ser líder, no nombró ni una sola vez a May en un descarado discurso de autopromoción en la conferencia conservadora de septiembre. Había ocultado hasta ahora la extensión de sus gestiones, en lo que había presentado como una vacación y unas cuantas charlas informales.

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