«Las YPG y el Ejército sirio somos hermanos»

Tras ser aliados de EE UU contra el yihadismo, los kurdos deben ahora defenderse solos del ataque turco que busca alejarles de su frontera

MIKEL AYESTARAN ENVIADO ESPECIAL ALEPO.

Los puestos de control de las Unidades de Protección Popular (YPG) y el Ejército de Siria en Alepo están separados por muy pocos metros. Cada uno tiene su bandera, la amarilla en el lado de las YPG, el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), y la roja, blanca y negra, en el de los uniformados. Milicianos kurdos y soldados regulares tienen contacto directo, «es un trato correcto, nunca hemos tenido choques», asegura un miliciano, tocado con una kufiya y armado con un AK-47 a la entrada de Sheikh Mahsoud, el bastión de las YPG en el centro de Alepo.

Aquí se vive con especial inquietud la situación en Afrín, cantón kurdo que está a menos de 60 kilómetros y contra el que Turquía lanzó hace una semana una ofensiva militar. Desde que estallara la guerra, los kurdos han logrado para sus tres cantones sirios un grado de autonomía impensable antes de 2011 y lo han hecho sin enfrentarse abiertamente con el Gobierno. Ambos tenían un enemigo común: los grupos islamistas radicales que se adueñaron de la oposición armada.

«Yo soy de Afrín y tengo allí a mi familia. Mi madre, con sesenta años, ha cogido un arma para defenderse. Erdogan no podrá con nosotros, resistiremos», afirma con heroísmo el joven miembro de las YPG, quien, consultado sobre si han solicitado o no ayuda al Ejército sirio para frenar a Turquía, se encoge de hombros y dice que «no sé nada de política, yo sé de armas. Las YPG y el Ejército de Siria somos hermanos y debemos defender nuestras fronteras». Son sus últimas palabras antes de despedirse y volver a su puesto de control.

«Pedimos al Estado sirio que cumpla con sus obligaciones respecto a su soberanía, proteja sus fronteras de los ataques de Turquía y despliegue a su Ejército en la zona de Afrín», rezaba el comunicado difundido el jueves a través de las redes sociales por las autoridades locales kurdas del cantón. El llamamiento, de momento, no ha recibido la respuesta de Damasco, pero el Gobierno central amenazó al comienzo de la ofensiva con derribar los cazas turcos si violaban su espacio aéreo. La milicia kurda ha sido el principal apoyo de Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico (EI), pero, acabado el califato y ante el ataque de Turquía -miembro de la OTAN-, Washington no ha hecho nada por los kurdos.

«Sirios contra sirios»

Ankara ha recurrido al Ejército Sirio Libre (ESL) para que lleve el peso de las operacionesy el objetivo, según los mandos militares, es establecer una zona segura de 30 kilómetros a lo largo de su frontera. «A Erdogan se le llena la boca hablando de terroristas, pero quien ha defendido y ayudado a Daesh -acrónimo en árabe del EI- desde el inicio de la guerra es él. Lo único que busca ahora es matar kurdos y formar más lío entre sirios, por eso recurre al ESL, para que el conflicto de fondo sea de sirios contra sirios. Es muy astuto», opina Ahmed Khalil, vecino de Ashrafie, segundo barrio kurdo de Alepo, pero esta vez bajo control del Ejército.

Hasta aquí han llegado esta semana cincuenta familias huyendo de Afrín, apunta Mohamed Diab Kadi, mujtar del barrio (una especie de responsable municipal) que denuncia que «hay miles de personas que quieren salir, pero no lo hacen porque las YPG se lo impiden y les exigen el pago de 200.000 libras sirias por familia (unos 400 euros al cambio) para abandonar la ciudad».

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