Trump aplaza la guerra del acero

Donald Trump./Reuters
Donald Trump. / Reuters

La UE, México, Canadá, Argentina, Australia y Brasil tienen un mes más para negociar cuotas que disminuyan el déficit comercial con EE UU

MERCEDES GALLEGONueva York

En el último momento, tres horas antes de la medianoche, Donald Trump decidió anoche aplazar los aranceles sobre el acero y el aluminio que pesaban sobre la Unión Europea y sus socios norteamericanos. El Dios Trump se permite así salvar la vida de sus aliados, que seguirán adulándole hasta que alcancen un acuerdo.

No es casualidad que tanto Emmanuel Macron como Angela Merkel visitaran la Casa Blanca la semana pasada con la mejor de sus sonrisas. El 25% que había decidido imponer a las exportaciones de acero y el 10% a las de aluminio suponen una espada de Damocles sobre la economía europea. Sólo en España amenazan 18.000 puestos de trabajo, repartidos en 22 plantas y más de medio centenar de instalaciones de laminación y primera transformación, según datos de Unesid, la patronal del sector.

Los porcentajes los soltó el presidente estadounidense a bote pronto al final de una reunión el 1 de marzo pasado, para sorpresa de sus propios asesores. Uno de ellos, Gary Cohn, director del Consejo Económico Nacional, dimitió una semana después cuando quedó claro que no podría hacer cambiar de opinión a un presidente que le exigía sumarse con convencimiento a esta guerra comercial. En los días que siguieron el Departamento de Comercio se encargó de formalizar sus deseos acogiéndose a una cláusula de la Ley de Expansión Comercial de 1962 que apenas se ha invocado y desde luego nunca desde la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1995. La sección 232 da al presidente potestad para imponer esos aranceles sobre importaciones tan masivas que amenacen la seguridad nacional de EE UU.

Trump concedió entonces a algunos países una exención temporal hasta el 1 de mayo, que ahora ha ampliado por un mes sin renunciar a su omnipotencia de «eliminar o modificar las restricciones» a placer, dice la proclama escrita en primera persona. Durante el tiempo transcurrido anuncia haber alcanzado un principio de acuerdo con Argentina, Australia y Brasil para enfrentar la amenaza «con medios alternativos satisfactorios». Estos tres países disfrutarán también de la extensión que ha recibido la UE, Canadá y México para finalizar así los acuerdos, pero «si no se finalizan pronto consideraré reimponer los aranceles», advirtió en la misma proclama.

Sólo Corea del Sur, el país cuyo mandatario ha pedido para él el Premio Nobel de la Paz, le ha satisfecho lo suficiente como para firmar un acuerdo definitivo. O al menos todo lo definitivo que se puede esperar de un presidente caprichoso e impulsivo que ya se ha salido de los acuerdos de París y amenaza con abandonar el acuerdo con Irán el próximo día 12. Otro plazo arbitrario que él mismo se ha marcado.

El cierre del mercado estadounidense, que el año pasado compró 27 millones de toneladas, ha provocado ya una inundación de los mercados internacionales con el acero procedente de países que no han sido dispensados por Trump. Eso ha traído una caída de los precios mundiales y de las acciones de los gigantes siderúrgicos.

Con este nueva prórroga Trump evita las represalias que contemplaba la UE sobre más de mil productos estadounidenses, gana sus favores para renegociar el tratado antinuclear con Irán y tiempo para negociar cuotas que limiten las exportaciones a EE UU.

Bruselas pide una exención permanente para la UE

La Comisión Europea ha reclamado este martes a Estados Unidos que apruebe una exención permanente para el club comunitario de los aranceles al aluminio y al acero, al tiempo que ha asegurado que la decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de ampliar la exención provisional durante un mes prolonga la incertidumbre en las empresas.

En un comunicado, la Comisión Europea ha dicho que toma nota de la decisión de Trump de ampliar hasta el 1 de junio la exención de aranceles para la Unión Europea. «La decisión de Estados Unidos prolonga la incertidumbre en el mercado, en el que ya está afectando a las decisiones empresariales», ha añadido.

«La UE debería ser total y permanentemente eximida de estas medidas porque no pueden ser justificadas por razones de seguridad nacional», ha afirmado la Comisión, para después subrayar que la sobrecapacidad en aluminio y acero no es un problema procedente de Europa.

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