Donald Trump amenaza con abandonar a Puerto Rico a su suerte

M. GALLEGO

Nueva york. El exabrupto de las seis de la mañana por Twitter le tocó ayer a Puerto Rico. Su exgobernador Alejandro García Padilla no tuvo ya ninguna duda: «Donald Trump es un racista», sentenció en llamada a MNSBC. «Nunca dijo nada parecido a Texas, Florida o California».

Los tres estados que han sido arrasados sucesivamente por los huracanes 'Harvey', 'Irma' y una oleada de incendios comparten con la isla caribeña el paquete de ayudas aprobado ayer por el Congreso, correspondiendo a Puerto Rico -que tiene la condición de Estado Libre Asociado- 4.900 millones en préstamos federales. Una gota en el océano para la situación extrema en la que ha quedado, ya que según una estimación de la agencia Moody's costará entre 45.000 y 95.000 millones reparar los daños en la isla.

El 85% de la población sigue sin tener luz eléctrica, tres semanas después de que el huracán 'María' la devorase, y la perspectiva de que se tarde al menos un año en recuperarla ha dado pie a un nuevo éxodo histórico. «La electricidad y toda la infraestructura ya era un desastre antes de los huracanes», tuiteó el presidente. «Que el Congreso decida cuánto se quiere gastar».

El gasto aprobado se añadirá a la deuda de 74.000 millones de dólares que ya asfixiaba a este territorio antes de las últimas catástrofes naturales, lo que le había obligado a imponer dolorosas medidas de austeridad. Trump considera que esa crisis económica «se la habían buscado ellos» y advierte de que «no podemos dejar en Puerto Rico para siempre a los militares y a los trabajadores de emergencia, que han sido formidables».

Entre los territorios de las Islas Vírgenes y Puerto Rico, el Gobierno estadounidense ha desplegado 17.000 personas. A muchos de estos empleados se les ha visto llegar a los pueblos repartiendo octavillas sobre cómo solicitar ayudas y marcharse tal cual.

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