La UE se desespera con la desidia de Reino Unido

El titular británico de Exteriores, Boris Johnson. :: p. nicholls / reuters/
El titular británico de Exteriores, Boris Johnson. :: p. nicholls / reuters

Barnier mete prisa a Londres y advierte de que si quiere un futuro acuerdo comercial deberá asumir primero la factura por su salida

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Algo olía mal, demasiado buen rollo después de tantos meses de fuego cruzado, no parecía normal. Quizá la flema británica había vuelto para quedarse. Pero, efectivamente, lo vivido el 19 de junio en la primera ronda de la madre de todas las negociaciones era humo. Desde entonces, nada ha cambiado ni mucho menos mejorado, como advirtió ayer el negociador jefe de la UE para el 'brexit', Michel Barnier: «Hay que saldar las cuentas del divorcio antes de hablar de una relación futura. Para ello, es esencial que Reino Unido reconozca que hay un precio que pagar. ¿Cómo vamos a hablar de comercio, defensa o seguridad si no hay confianza?». Según Bruselas, la factura ascendería a unos 100.000 millones de euros en concepto de compromiso financieros ya adquiridos.

El lunes comienza la segunda ronda de las negociaciones y la impaciencia en el bando comunitario es evidente. El tono, los gestos, todas las declaraciones de Barnier traslucían un 'pónganse las pilas de una vez, por favor'. El representante de la UE compareció ante los medios después de dar cuenta ante el Colegio de Comisarios del desarrollo de las negociaciones, de un toma y daca que de momento se está reduciendo a un toma.

«Para avanzar, necesitamos saber en qué estamos de acuerdo y en qué no. Debemos saber qué piensa Reino Unido. Nosotros ya hemos elaborado nueve documentos con nuestras propuestas. Estoy dispuesto a trabajar día y noche, los fines de semana, días festivos... Esperemos recibir pronto sus propuestas», explicó algo molesto por una desidia que no augura nada bueno.

Todo, además, quedó empañado por unas broncas declaraciones efectuadas la víspera en la Cámara de los Comunes por el ministro británico de Exteriores, Boris Johnson. Preguntado por la factura a pagar y que la UE cifra en torno a 100.000 millones, la tachó de «abusiva» usando de forma irónica la expresión 'go whistle' para desmerecer los planteamientos comunitarios. Unas palabras que bien podrían traducirse por un «que esperen sentados», «van listos» o «que se vayan a tomar viento».

Y claro, sus declaraciones no sentaron nada bien al otro lado del Canal. ¿Cómo responderle? Barnier no recurrió al insulto tosco sino que se limitó a hacer un juego de palabras para recordar que Reino Unido tiene todas las de perder. «No oigo ningún silbido ('whistle'). Lo que sí oigo es el tictac del reloj» . Touché. «Esto no es un castigo o una venganza. Se trata simplemente de saldar las cuentas de la separación, de que todos hagan honor a los compromisos financieros adquiridos y no me imagino que un gran país como Reino Unido no se responsabilice de sus compromisos», retó el francés.

Derechos de los ciudadanos

El tictac al que se refirió expira a las 00:00 horas y un segundo del 20 de marzo de 2019. Entonces, Reino Unido dejará de ser el Estado miembro número 28 de la UE. Quizá parezca mucho, pero en realidad queda poquísimo tiempo, como se empeñan en recalcar una y otra vez desde Bruselas. Lo primordial es pactar el divorcio y aquí hay tres asuntos claves: la factura, qué pasa con Irlanda y, sobre todo, los derechos de los 4,5 millones de personas que se verán afectadas por el 'brexit' (3,3 millones son europeos que viven allí).

Lo que debería ser un asunto básico y de fácil consenso si se mirase exclusivamente desde el punto de vista humano y de la lógica parece no verlo así Londres, cuya primera propuesta esconde triquiñuelas que la UE no asumirá. Asegura que no se expulsará a nadie o que los europeos que lleven más de cinco años tendrán iguales derechos sociales que un británico pero esto tiene trampa, como advirtió Barnier. ¿Por qué? Porque un británico que vive en España tendría más derechos que un español residente en Reino Unido, ya que su legislación es «más restrictiva que la de la UE». «Queremos que haya una reciprocidad efectiva y que el garante de que se respeten todos estos derechos adquiridos -incidió- sea el Tribunal de Justicia de la UE», una institución que el Gobierno británico no quiere ver ni en pintura.

Más

Fotos

Vídeos