Un derechista pragmático

M. V. BUENOS AIRES.

Empresario multimillonario devenido en político, Sebastián Piñera, de 68 años, logró una verdadera hazaña para un candidato centroderechista en Chile: fue reelegido el domingo por una mayoría más amplia que la que lo eligió en 2010.

Piñera se había ido con el 50% de aprobación en 2014 y -según su propia confesión- dudó mucho de volver a competir. En su período como presidente, la economía creció al calor del aumento del precio del cobre y hubo un incremento en el número de empleos. A pesar de arrastrar a una mayoría de chilenos conservadores, Piñera tuvo el mérito de atreverse a desmarcarse del régimen del dictador Augusto Pinochet (1973-1990), al que muchos de su sector aún reivindican.

Para esta segunda vuelta prometió crear una administradora de fondos de pensión estatal, un sacrilegio para los mercados, que veneran el sistema de pensiones privadas chileno. Lo hizo en reconocimiento a las masivas quejas del sistema por parte de los beneficiarios.

Pero no todo fueron rosas en su primer mandato. También mantuvo un conflicto permanente en las calles con el movimiento estudiantil, del que surgió una nueva generación de dirigentes que hoy son diputados izquierdistas y que seguramente serán custodios de las reformas educativas de Bachelet.

Su carisma creció cuando se produjo el recordado rescate de los 33 mineros atrapados durante 70 días a más de 700 metros de profundidad en un yacimiento derrumbado. El suceso le dio incluso proyección internacional.

Ahora, los empresarios confían en que el presidente electo avanzará con una reforma tributaria que los beneficie y también con una nueva norma laboral que haga más flexibles las condiciones de contratación. Si lo hace, deberá ser en un contexto de crecimiento económico y del empleo, tal como prometió, y sin desandar el camino de las reformas sociales iniciadas por Bachelet.

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