Los demócratas desatan la ira de los 'dreamers'

Activistas defensores de los 'dreamers' se manifiestan en Washington para pedir que sean amparados por la ley como ciudadanos de pleno derecho. :: Brendan Smialowski / afp
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Activistas defensores de los 'dreamers' se manifiestan en Washington para pedir que sean amparados por la ley como ciudadanos de pleno derecho. :: Brendan Smialowski / afp

Los 'soñadores' les reprochan que hayan dejado de luchar por ellos al firmar el acuerdo con los republicanos para reabrir el gobierno

MERCEDES GALLEGO NUEVA YORK.

Por un momento, cientos de miles de jóvenes cuyas vidas penden de un hilo pensaron que les importaban a los políticos, aunque fuera solo para ganar el voto de los millones de personas que el sábado les convirtieron en protagonistas de la Marcha de las Mujeres. El sueño de los 'soñadores' duró tres días, los que el Partido Demócrata del Senado tuvo a bien aguantar su voto para financiar el gobierno. La ira por haber capitulado sin conseguirlo puede extenderse hasta noviembre.

No había piedad entre la izquierda. Los titulares del día y un mar de tuits pasaban factura. El cierre de Gobierno había sido un espejismo. Después de rebelarse, los demócratas aceptaron terminarlo repentinamente sin conseguir lo que se proponían, la ley de Acción Diferida para la Llegada de Niños (DACA) que legalizaría la situación de 700.000 menores que llegaron a EE UU sin documentación de la mano de sus padres. Desde que Donald Trump acabó en septiembre pasado con el programa de legalización temporal que emprendió Barack Obama, 17.000 jóvenes de buena conducta se han quedado en el limbo.

Para los políticos, ayer era un día más. Para 122 'soñadores', el día en que volvieron a formar parte del limbo. Cada semana, 854 más que tendrán que salir corriendo cuando los agentes de inmigración les intercepten camino de la escuela, del trabajo o de cualquier sitio. A Rosa María, de diez años, la llevaron a un campo de detención. A Miguel le cortaron la tarjeta vencida delante de él antes de deportarlo, para que sepa que después del sueño no hay esperanza. Greisa Martinez Rosas, directora de apoyo de United We Dream, lo cuenta por ellos. «Las promesas no nos protegerán de la deportación».

LA CLAVE Los jóvenes llegaron al país cuando eran niños de la mano de sus padres y sin documentos en regla

Y eso es lo único que sacaron los demócratas de sus tres días de cierre de gobierno: la promesa del líder del Senado, Mitch McConnell, de poner DACA a votación si el 8 de febrero no se ha alcanzado un acuerdo. Un líder famoso por incumplir sus promesas, y que en el mejor de los casos no podrá transferir la ley a la Cámara Baja, que también tendría que aprobarla para que se convierta en realidad.

«El peor negociador»

Trump se mofaba de ellos en Twitter. «Hasta el loco de Jim Acosta de las Noticias Falsas de CNN está de acuerdo: Trump gana de nuevo. Schumer y los demócratas se derrumbaron, apostaron y perdieron. ¡Gracias por tu honestidad, Jim!». Las organizaciones progresista de la coalición Credo llevaron anoche su furia en pancartas hasta la casa del senador Chuck Schumer en Brooklyn, «el peor negociador de Washington», decían. «¡Vendido!».

En justicia, el líder de los demócratas en el Senado había sido el primer sorprendido por el movimiento de un grupo de senadores moderados que pactó con la senadora republicana Susan Collins para ofrecer su voto a la ley de fondos para reabrir el gobierno durante menos de tres semanas a cambio de la promesa vacía de McConnell. Schumer prefirió subirse al tren de este acuerdo de mínimos a quedar ninguneado por sus propios correligionarios. «Vamos a aprovechar la renovada atención y la simpatía por los 'soñadores' para centrarnos en ganar el voto que necesitamos dentro de 17 días», dijo su portavoz Matt House.

El líder de la minoría demócrata en el Senado lo había intentado todo. Comprendió que no tiene más pareja de baile que los líderes republicanos con los que tendrá que negociar la ley migratoria durante las próximas dos semanas. De ello depende que logre amainar la furia de las bases, cuyo entusiasmo necesita para las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre próximo, la única posibilidad de frenar la agenda de Trump.

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