La condena espolea a Lula para aspirar a la presidencia

Lula, con la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, ayer en Sao Paulo. :: miguel schincariol / afp
Lula, con la presidenta del PT, Gleisi Hoffmann, ayer en Sao Paulo. :: miguel schincariol / afp

«Sólo el pueblo puede decretar mi final», clama el exmandatario de Brasil, penado en primera instancia con nueve años y medio por corrupción

MARCELA VALENTE BUENOS AIRES.

Condenado por corrupción en primera instancia, el expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, reafirmó ayer que será candidato en las presidenciales de 2018. «Si alguno piensa que con esta sentencia me sacaron del juego, sepan que yo ya estoy en el juego», desafió el líder del Partido de los Trabajadores (PT). «Sólo el pueblo puede decretar mi final», aseguró Lula desde la sede del partido en Sao Paulo arropado por dirigentes políticos y sindicales.

Lula fue condenado el miércoles a nueve años y medio de prisión por el juez Sergio Moro, que lo encontró responsable de corrupción y blanqueo de dinero en un episodio de la megacausa conocida como 'Lava Jato'. Según Moro, Lula recibió un soborno de 600.000 euros de la empresa OAS pero no en dinero sino mediante un tríplex en Guarujá, un balneario de Sao Paulo. El exmandatario niega que el apartamento le pertenezca.

19 años de inhabilitación
Lula, que gobernó Brasil durante ocho años (2003-2011), es el primer expresidente en ser sentenciado por corrupción en el gigante sudamericano. Además de los nueve años y seis meses de prisión, el fallo contempla la inhabilitación para cargo público por 19 años.
Los recursos
Los abogados de Lula reclamarán la absolución tras una condena «políticamente motivada». Para la Fiscalía, la pena debería ser aún mayor que la dictada por el juez Sergio Moro.

«La única prueba que existe en este proceso es la prueba de mi inocencia», declaró Lula y aludió a la declaración del dueño de OAS, Leo Pinheiro, en la que se basó el juez. Pinheiro está preso, condenado a 26 años. No había incriminado a Lula en las primeras declaraciones, pero su abogado le recomendó cambiar su manifestación y dijo que el tríplex era del expresidente, aunque sin corroborarlo con escritos firmados.

El abogado de Lula, Cristiano Zanin, consideró que la sentencia es «absolutamente ilegítima» y que Moro «despreció» las pruebas presentadas por la defensa. No obstante, manifestó su certeza de que «la inocencia de Lula será reconocida en instancias superiores». Zanin acudirá al Tribunal Regional Federal para que revise el fallo de Moro, que, además, pidió inhabilitar a su cliente por 19 años.

El trámite de apelación demora al menos un año pero puede impedir la candidatura de Lula. El exmandatario es favorito según todas las encuestas. Si el tribunal confirma la condena deberá abandonar la carrera pues la ley brasileña impide ser candidatos a un cargo público a aquellos que tienen una condena confirmada por un cuerpo colegiado. Lula recordó que en 2016, después de ser acusado por el Ministerio Público, escribió una columna en la que señalaba que sus acusadores «saben que no robé ni intenté obstruir la investigación pero no pueden admitirlo». «Están condenados a condenarme», dijo entonces. Y ayer lo repitió.

Ante esa supuesta ofensiva judicial, se reafirmó como aspirante a la presidencia. «A partir de ahora voy a reivindicarme como postulante a la candidatura», anunció. «Con 71 años, estoy dispuesto a luchar con la misma energía que a los 30», dijo y se refirió a la crisis que vive Brasil, con el presidente, Michel Temer, acusado de corrupción y blanqueo y resistiendo una votación en su contra en el Congreso para impedir que la justicia lo investigue.

«Me gustaría que estuviéramos discutiendo la situación política de Brasil, la situación económica, el descrédito de las instituciones comenzando por el poder ejecutivo, el golpe dentro del golpe». Aludió así al controvertido juicio político que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff en 2016 y a las maniobras actuales para reemplazar a Temer por el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia. El PT desde hace tiempo sostiene que para superar la crisis deberían convocarse elecciones y ahora amenaza con boicotearlas si Lula no puede ser candidato.

Ya en campaña, el expresidente se sirvió de una apelación a la época colonial brasileña, cuando los dueños de las fincas vivían en la casa grande y los esclavos se amontonaban en las barracas conocidas como 'senzalas'. «Si ellos acaban de destruir los derechos conquistados por los trabajadores, la industria nacional, si intentan destruir Petrobras, las empresas de ingeniería, señores de casa grande, permitan que alguien de 'senzala' haga lo que ustedes no tienen competencia para hacer. Permitan que alguien que sabe lo que es la vida dura cuide de este pueblo, que es lo que este pueblo precisa», concluyó.

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