El cólera cuestiona la condición de Kenia como potencia regional

Varios enfermos son atendidos en el Kenyatta National Hospital de Nairobi. Abajo, medidas sanitarias tomadas en la capital. :: T. M. / REUTERS
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Varios enfermos son atendidos en el Kenyatta National Hospital de Nairobi. Abajo, medidas sanitarias tomadas en la capital. :: T. M. / REUTERS

La propagación de la enfermedad por la zona más rica de la capital erosiona la credibilidad del país en plena temporada de turismo

GERARDO ELORRIAGA

Lo llamaron intoxicación, más tarde gastroenteritis y por fin reconocieron que se trataba de cólera. Resultaba incómodo, incluso surrealista, admitir que la enfermedad asociada a la miseria se había infiltrado en unas jornadas sobre salud que tenían lugar en el hotel Weston, de cuatro estrellas y propiedad del vicepresidente William Ruto. La convocatoria reunió el 24 de junio a participantes de todo el mundo y el presidente del comité organizador reveló lo sucedido cuando ya cuarenta asistentes, muchos doctores, se hallaban hospitalizados, y uno ya había volado a Gran Bretaña.

La enfermedad intestinal está producida por la bacteria Vibrio Cholerae y presenta carácter endémico en África Oriental. La mayoría de los afectados no suele presentar diarrea y vómitos, pero su índice de mortalidad es bajo. En la antigua colonia británica la incidencia parecía asociada al medio rural y zonas marginales hasta que, otra vez, se manifestó en el ámbito más imprevisto.

1.700
víctimas se han contabilizado en Yemen, el país más afectado, tras un brote detectado en abril.
782
personas han perdido la vida en Somalia y 174 en Sudán, países que tampoco logran frenar el cólera.

El nuevo contagio masivo se produjo tan solo tres semanas después y la infección volvía a cuestionar la seguridad sanitaria en otro entorno exclusivo de la metrópoli. El nuevo brote, aún más virulento, tuvo lugar en un concurrido congreso comercial auspiciado por el Kenyatta International Conference Centre, emblemático edificio de veintiocho plantas situado en el distrito financiero. Varios miembros del Gobierno fueron ingresados urgentemente, pero un periodista que acudió al evento y manifestó los síntomas aseguró que no encontró cama en ninguno de los centros privados de la ciudad.

LA CLAVE El primer brote fue localizado en un hotel de cuatro estrellas que acogía un congreso de salud

El Ministerio de Sanidad ha informado de que, tras estos dos sucesos, 381 personas permanecen ingresadas y cuatro han fallecido. Los hoteles San Valencia y Jacaranda han sido clausurados indefinidamente tras comprobarse que habían suministrado viandas a los lugares donde se han producido los contagios. En realidad, no se conoce la verdadera dimensión del fenómeno en la capital keniana y existe el temor de que se difunda desde esos insólitos escenarios hasta algunos de los doscientos asentamientos informales que rodean el centro urbano. El temor a que tenga lugar una epidemia de grandes proporciones sobrevuela en los medios de comunicación locales.

«La propagación puede ser muy rápida en una ciudad tan grande, más corta en el tiempo, pero virulenta. En el campo su progreso suele ser más lento, pero permanece durante un periodo más largo», advierte Candelaria Lanusse, responsable médica de la Unidad de Emergencias de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF). La aglomeración, de más de seis millones de habitantes, proporciona condiciones adecuadas para su expansión como una suerte de hacinamiento extremo, ya que el 60% de la población se concentra en el 1% de su superficie, y la ineficacia de los sistemas de drenaje, que se remontan a los años 60, antes del boom inmobiliario. Muchas de las viviendas carecen de saneamientos adecuados y, durante la estación de las lluvias, las aguas negras discurren por las mismas calles en las que ofrecen su mercancía los vendedores ambulantes de alimentos, hoy prohibidos.

El cólera tiene carácter endémico en África Oriental, pero la convulsa realidad social y política ha transformado su impacto. El cambio climático ha dado lugar a continuas sequías, reduciendo el acceso al agua potable, y los movimientos masivos de refugiados han fomentado la aparición de casos en campos para los desplazados.

La alarma suscitada en el corazón de Nairobi se halla sobrepasada por el impacto en los países vecinos. Desde enero, Somalia ha experimentado más de 51.000 casos y 782 fallecimientos, según fuentes de la Organización Mundial de la Salud, y Sudán del Sur cuenta con 6.870 y 174 muertes, pero sus estadísticas pueden empeorar rápidamente, ya que la falta de combustible está reduciendo a mínimos el servicio de agua potable de las grandes ciudades, incluida la capital Juba. La posibilidad de una gran epidemia se refuerza por el suministro a través de camiones que se aprovisionan directamente del Nilo.

La situación de Yemen supera todos los récords y la ha convertido en una emergencia de enormes proporciones. La guerra civil ha destruido las ya precarias infraestructuras sanitarias multiplicando los efectos. Según informes de Unicef, el segundo gran brote está fechado el pasado 21 de abril y ya ha generado 300.000 casos sospechosos, la mitad de ellos, niños, y 1.700 decesos.

«Médicos Sin Fronteras no puede hacer frente a una crisis de esta magnitud», confiesa Lanusse y llama a la coordinación con las agencias de Naciones Unidas. «Se precisa llevar a cabo actividades de prevención, descontaminar fuentes y proveer de tabletas de cloro». Más de catorce millones de personas han perdido el acceso a sistemas de agua corriente o saneamiento, y aquellos doctores que no han abandonado el país subsisten a duras penas, ya que la Administración no ha pagado salarios a sus funcionarios en los últimos diez meses.

El cólera bate todo un país y maltrata la credibilidad de Kenia. En plena temporada alta del turismo y a tan solo quince días de la celebración de elecciones presidenciales, su condición de potencia regional aparece cuestionada tanto por la aparición de nuevos afectados, una decena el pasado viernes, como por la difusión de testimonios gráficos que demuestran que la vida cotidiana en los mercados, colegios y suburbios, está amenazada por pésimas condiciones higiénicas. Hoy lamentablemente, la imagen de Nairobi, la Ciudad Verde en El Sol, aparece enlodada, maloliente y francamente perjudicial para la salud.

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