La ciudad vieja, la 'zona cero' de Mosul

El Ejército filtra el paso a uno de los lugares más devastados de la capital del califato en Irak, en el que pelean hasta la muerte los yihadistas

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL MOSUL.

Dos hombres arrodillados y maniatados en una esquina. En la acera de enfrente, otro tirado boca abajo, con los ojos vendados, las manos atadas y la cabeza ensangrentada. Todos ellos vigilados muy de cerca por efectivos de las unidades antiterroristas que los tienen encañonados. «¡Nada de fotos, nada de fotos!», gritan al periodista. Los reos ni se mueven. Son sospechosos de pertenecer al grupo yihadista Estado Islámico (EI) y van a ser sometidos a varios interrogatorios. O ya lo han sido. A muy pocos metros, un cadáver en descomposición impregna la zona del olor agrio de la muerte. Un olor que emana de los escombros de una ciudad vieja de Mosul convertida en la auténtica 'zona cero' de la batalla contra el EI. Un olor que se te pega a la piel, te golpea directo en el estómago y que cuando se intensifica por el fuerte calor te provoca ganas de vomitar.

El único acceso a la 'zona cero' de esta batalla es con las fuerzas iraquíes. La mezquita Al-Nuri, célebre porque fue allí donde se grabaron las primeras y únicas imágenes del califa, Abu Baker al-Bagdadi, en el verano de 2014, es ahora un montón de escombros sobre los que se mantiene milagrosamente la cúpula verde oliva. Del famoso minarete jorobado (Al-Hadba en árabe), sólo queda la base, después de que los yihadistas decidieran volar este complejo de 850 años de historia para que no cayera en manos enemigas.

El símbolo del califato es ahora una importante posición militar, con centro de detención, de atención médica de urgencia a los civiles heridos y, también, un punto de visita obligada para los combatientes de las distintas fuerzas que participan en la guerra contra el EI. A pocos metros de lo que fue el acceso al templo, hombres de las Unidades de Movilización Popular, las milicias chiíes, se hacen selfies y aplauden cada vez que uno de los aviones de la alianza que lidera Estados Unidos lanza una bomba sobre los «apenas unos cientos de metros» que quedan en manos de los yihadistas, según insisten los mandos militares. El suelo tiembla.

Milicianos enfadados

Los seguidores del califa están acorralados, pero pelean hasta la muerte en un espacio muy reducido en el que «estimamos en este momento que podría haber unos 15.000 civiles, incluso 20.000», según los últimos datos ofrecidos por Lise Grande, coordinadora humanitaria de la ONU en Irak, a la agencia AFP. Según Grande, los civiles atrapados en esa zona corren «mucho peligro» y viven en condiciones «terribles», con escaseces de todo tipo. A esto hay que sumar las dificutades que tienen para escapar porque los usan como escudos humanos y toda la zona es una trampa mortal plagada de minas. Cada paso que se da fuera de una zona revisada por el Ejército es pura lotería.

La presencia de civiles es lo que retrasa la victoria, según los jóvenes de la Golden Division que se toman un descanso a la sombra, ante la mezquita de Al-Nuri. Un triunfo que el primer ministro, Haider al-Abadi, ha proclamado en dos ocasiones pero que se resiste y que en ningún caso supondrá el final del califato. Los yihadistas mantienen el control de Tal Afar, Hawiga y una amplia zona del noroeste de la provincia de Anbar. La guerra no se acaba en Mosul.

Cuando se sacia de selfies, el grupo de milicianos chiíes arremete contra el periodista extranjero. «¿Por qué habláis mal de nosotros? ¿Por qué decís tantas mentiras?», pregunta uno de ellos a gritos, mientras sus compañeros tratan de contenerle.

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