China busca en el Ártico la Ruta de la Seda del siglo XXI

Un buque guardacostas de Estados Unidos atraviesa una zona helada del Ártico. :: r. C./
Un buque guardacostas de Estados Unidos atraviesa una zona helada del Ártico. :: r. C.

El deshielo del Polo Norte provocado por el calentamiento global se ve en Pekín como una ocasión para abrir nuevas rutas marítimas

ZIGOR ALDAMA SANGHAI.

La Ruta de la Seda del siglo XXI, el gran proyecto del presidente chino, Xi Jinping, para vertebrar el mundo globalizado de forma más justa y equitativa, tiene poco que ver con la mítica travesía que hacían los comerciantes que unieron Oriente y Occidente a partir del siglo III antes de Cristo. Ahora, el camino se hace en trenes intercontinentales y grandes buques cargueros que recorren toda Asia y llegan hasta África y Oceanía.

Pero para China esto no es suficiente. Pekín quiere ir más allá. Lo ha demostrado con un documento oficial hecho público a finales de enero, en el que la segunda potencia mundial aboga por explotar los recursos naturales del Polo Norte y desarrollar nuevas rutas marítimas comerciales -principalmente tres- que crucen la región ártica. El informe oficial, titulado 'La política China en el Ártico', hace hincapié en las oportunidades que ofrece el calentamiento global para el transporte de mercancías y anima a Pekín a coordinar con otras naciones de la región la apertura de nuevos corredores que se conviertan en la Ruta de la Seda Polar.

El paso noreste, por ejemplo, permitiría reducir considerablemente el tiempo del viaje que hacen los buques que unen Rotterdam y China por el canal de Suez: los 48 días que tardan ahora se quedarían en solo 28. Es razón más que suficiente para que el viceministro de Asuntos Exteriores chino, Kong Xuanyou, haya alentado a las empresas a «buscar nuevas oportunidades de negocio en el Ártico». El político también detalló durante la presentación del informe el rol que China quiere jugar en la región: «Quiero enfatizar dos puntos al respecto: no interferiremos, pero tampoco estaremos ausentes», señaló.

LA CLAVELa ruta comercial entre los puertos de Europa y los chinos se acortaría en veinte días El gigante asiático también está interesado en explotar los recursos que se esconden bajo el hielo

El documento, que sienta las bases para el desarrollo de una hoja de ruta más detallada, también demuestra que China está interesada en explotar los recursos que se esconden bajo la cada vez más delgada capa de hielo. De hecho, recuerda que hay petróleo -un 13% de las reservas del planeta-, gas -un 30% de los yacimientos no explorados-, minerales, y buenos caladeros de pesca que pueden ser beneficiosos para los diferentes países de la zona.

El informe subraya la necesidad de proteger el Medio Ambiente y buscar un desarrollo sostenible, pero las organizaciones ecologistas ya han advertido en numerosas ocasiones que esto puede ser el pistoletazo de salida para la destrucción de una de las pocas zonas vírgenes que quedan en el planeta. «Son miedos totalmente infundados», rechazó Kong, que también incidió en la necesidad de que se respete «el derecho de todos los países a utilizar estas nuevas rutas».

Rusia, la gran competidora

Sin duda, China no está sola en este empeño. Moscú comparte su entusiasmo. No en vano, el año pasado un petrolero ruso conectó por primera vez Noruega y Corea del Sur atravesando el Polo Norte sin necesidad de contar con un rompehielos que abra el camino. Y países como Canadá, Estados Unidos o Dinamarca también reclaman territorio marino más allá de las 200 millas que marcan desde la costa las aguas territoriales de cada Estado.

De hecho, el Ártico ocupa una extensión de doce millones de kilómetros cuadrados de océano y ocho millones de kilómetros cuadrados de tierra, cuya soberanía comparten ocho países entre los que no se encuentra China. Pekín si tiene, desde 2013, estatus de país observador en el Consejo del Ártico y se considera un 'país casi Ártico'. Para la Administración Oceánica Nacional de China, la región debe ser considerada «un bien de toda la humanidad», algo que le daría derecho a su explotación.

«Las regiones polares, junto con los océanos, internet y la exploración espacial, son las áreas estratégicas en las que China quiere desarrollarse en el futuro», afirmó el investigador polar de la Universidad de Tongji, Wang Chuanxing, al diario 'South China Morning Post'. «El viaje del primer rompehielos chino que cruza la ruta noroeste -en octubre del año pasado- es uno de los primeros movimientos prácticos de China en el Ártico, pero el desarrollo comercial todavía está en su infancia», añadió.

En el futuro, no obstante, el objetivo es que el actual proyecto para la creación de una ruta terrestre y un cinturón marítimo, que emulan la antigua Ruta de la Seda y que tienen un presupuesto estimado en unos 600.000 millones de euros, incluya también 'un círculo', en referencia al polar ártico. Dentro de esta estrategia se incluyen iniciativas como la que pretende tender un gigantesco cable de fibra óptica que conecte China con Europa en 2020. Este enlace de 10.500 kilómetros proporcionaría la conexión de datos más rápida entre los dos territorios, se instalaría en el suelo marino del Ártico y tendría a China y a Finlandia como principales protagonistas.

Búsqueda de equilibrio

«Desafortunadamente, muchos de los movimientos de China en el Ártico se han recibido con sospechas debido al tamaño de su población y al hecho de que es uno de los principales consumidores de materias primas. La 'amenaza china' se subraya en todo el mundo», reconoció Zhao Long en un artículo de opinión publicado en la web de la televisión nacional CGTN. «Pero China busca un equilibrio entre la intervención humana y la protección medioambiental de la región. Y busca que el Ártico sea un lugar de cooperación pacífica y no de confrontación», trató de calmar Zhao.

No obstante, organizaciones como Greenpeace ven con mucha preocupación todas estas iniciativas. Sobre todo, las relacionadas con la explotación de los recursos naturales. De hecho, su campaña '¡Salvemos el Ártico!' promueve la creación de un santuario en las aguas internacionales alrededor del Polo Norte y advierte de las graves consecuencias que puede tener no hacerlo. «En los últimos treinta años hemos perdido tres cuartas partes de la capa de hielo flotante. La disminución de hielo tendrá consecuencias globales y afectará no solo a morsas y osos polares, sino al clima del planeta, aumentando la frecuencia de tormentas y fenómenos meteorológicos extremos. El hielo refleja gran cantidad de calor solar hacia el espacio y mantiene así fresco al planeta y estabiliza los sistemas meteorológicos de los que dependemos para cultivar nuestros alimentos», explica la ONG.

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