China, un árbitro entre dos 'matones'

Surcoreanos protestan contra el sistema de misiles THAAD. :: efe

El Gobierno de Pekín es el único con capacidad real para tratar de evitar la escalada, de momento verbal, entre Pyongyang y Washington

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

A Donald Trump y Kim Jong-un no les separa el océano Pacífico. Les separa China. Ante la escalada de tensión entre las dos potencias nucleares, Pekín parece el único lugar desde el que se puede tratar de calmar los ánimos de estos dos presidentes de gatillo fácil. Y, sin duda, el Partido Comunista lo está intentando. Ayer, el presidente chino, Xi Jinping, exigió a Trump que no eche más leña al fuego y que evite «palabras y acciones» que puedan desembocar en una peligrosa escaramuza militar. «Hay que persistir en el diálogo, la negociación, y una solución política», le dijo por teléfono.

Por otro lado, según el diario oficialista 'Global Times', China también ha advertido a Corea del Norte, su aliado tradicional, de que le negará su apoyo en el caso de lance un ataque contra Estados Unidos. En esa coyuntura, la segunda potencia mundial podría dar un paso atrás y desentenderse del régimen de Pyongyang para mantenerse neutral. No obstante, el editorial de ese diario de línea ultranacionalista afirmó que China sí que intervendrá en caso de que Washington trate de tumbar el régimen de los Kim.

Efectivamente, China se encuentra en una situación delicada que, sin embargo, resulta familiar. De hecho, el Ejército Popular de Liberación ya intervino durante la Guerra de Corea (1950-53) para salvar a su aliado comunista. Aquella contienda, que todavía no se ha cerrado oficialmente, supuso el primer enfrentamiento 'de facto' entre la China de Mao y la superpotencia americana. Pero seis décadas después, la situación ha cambiado por completo. Por un lado, ahora los tres países controlan arsenales nucleares y China es el principal actor en el comercio mundial. Y por otro, Pekín paulatinamente se ha ido distanciando de Pyongyang.

Es más, China vota últimamente a favor de las sanciones que se imponen contra Corea del Norte en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y asegura que las cumple. Aunque el actual crecimiento económico norcoreano hace que surjan algunas dudas sobre esto último, ya que China es su principal fuente de energía y de recursos y su única válvula de escape hacia el mundo -origen y destino del 90% del comercio norcoreano-, lo cierto es que hay detalles que certifican un enfriamiento en las relaciones de ambos regímenes autoritarios. Uno de los más relevantes es que Kim Jong-un no haya visitado nunca China desde que ascendió a la presidencia en 2011 tras la muerte de su padre, que solía viajar a menudo al gigante asiático en un tren especial.

En cualquier caso, es evidente que, si bien nadie puede ejercer más influencia, Pekín tampoco dispone de una varita mágica para calmar a dos 'energúmenos' que se amenazan mutuamente con misiles. Y no faltan quienes vaticinan que la tensión escale un poco más todavía cuando comiencen los ejercicios militares conjuntos que Estados Unidos y Corea del Sur tienen preparados para el próximo día 21. A menudo, Corea del Norte se ha sumado al espectáculo bélico con la prueba de algún proyectil.

«En el peor escenario, Seúl y Tokio podrían recibir el visto bueno de Estados Unidos para desarrollar armas nucleares que provocarían un desequilibrio en la balanza de poder del norte de Asia, sobre todo para China», comentó Zhang Tuosheng, de la Fundación China para Estudios Estratégicos Internacionales. Pero no es el único escenario posible. «China debe utilizar su poder económico y combatir la amenaza nuclear norcoreana para cimentar su autoridad en la región», apuntó Pang Zhongying, profesor de la Universidad Océanica de China, al South China Morning Post. Sin duda, el gobierno chino tiene mucho que perder en esta coyuntura. Pero si juega bien sus cartas también puede salir reforzado.

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