China aisló a Liu Xiaobo hasta el final

Una activista muestra su dolor por la muerte de Liu Xiaobo en Hong Kong. :: isaac lawrence/ afp
Una activista muestra su dolor por la muerte de Liu Xiaobo en Hong Kong. :: isaac lawrence/ afp

El disidente y Nobel de la Paz fallecido era el único galardonado bajo custodia y es el primero que muere cautivo desde la Alemania nazi

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

El pasado 31 de mayo se detectó una anomalía en el hígado de Liu Xiaobo, y el 7 de junio se le diagnosticó un cáncer terminal de hígado cuyo tumor se había extendido por el resto del cuerpo. El Hospital Número Uno de la Universidad Médica de China -en la nororiental ciudad de Shenyang- invitó a reputados oncólogos chinos para determinar el tratamiento que debía recibir. «Durante este período participaron en la discusión especialistas de EE UU y Alemania. Desafortunadamente, la salud de Liu continuó deteriorándose. El 10 de julio, la situación se volvió crítica y tuvo que ser resucitado. Fue trasladado a la UCI, donde murió de un fallo orgánico múltiple el 13 de julio».

Así resumió ayer los últimos días de Liu el centro médico en el que fue tratado el activista y Nobel de la Paz chino, el primer galardonado con esa distinción que fallece cautivo desde 1938, cuando Carl von Ossietzky murió bajo custodia de los nazis alemanes. Lo que no mencionó el hospital es que la enfermedad fue diagnosticada demasiado tarde tras un control rutinario en prisión, donde cumplía una condena de once años por haber exigido un proceso democrático para China, y que las autoridades comunistas se negaron a concederle la libertad para viajar al extranjero y recibir tratamiento allí, algo que él había pedido y que los oncólogos que lo visitaron consideraron seguro.

«El Gobierno chino tiene gran responsabilidad en esta muerte prematura», sentenció la responsable del Comité Noruego de los Premios Nobel, Berit Reiss-Andersen. Liu «fue condenado por tratar de subvertir el orden político pero, en nuestra opinión, no había cometido ningún acto criminal. Se limitó a ejercer sus derechos como ciudadano. Así que tanto su juicio como su encarcelamiento fueron injustos (...). En sus últimos días, tuvimos la esperanza de que fuese liberado y evacuado para recibir tratamiento en el extranjero (...). Mientras el mundo entero miraba, China decidió mantener el aislamiento de su prisionero», criticó.

Reiss-Andersen concluyó su comunicado afirmando que las ideas de Liu «no se pueden encarcelar y nunca morirán». La principal demanda del disidente, muy crítico con el Partido Comunista, se limitaba a exigir que se cumpla la propia Constitución china. Concretamente, el artículo 35, que recoge el respeto a diferentes libertades, como la de expresión, prensa o manifestación. En la Carta 08, el manifiesto prodemocracia por el que acabó en prisión por última vez, también pedía el fin del partido único y la transición a una democracia parlamentaria.

La suerte de la esposa

Ni Liu verá esa China con la que soñaba ni parece que se vaya a hacer realidad pronto, aunque él siempre mantuvo el optimismo. Su caso dentro de China sólo se siguió en Hong Kong, que se rige por un sistema especial garante de los derechos humanos. Allí, nada más recibir la noticia, activistas y ciudadanos guardaron un minuto de silencio frente a sus retratos. En el resto de la República Popular, donde la población desconoce quién era Liu, la prensa no se hizo eco de la noticia. Únicamente la que se edita en inglés publicó una breve nota con el comunicado oficial y recordó los cargos por los que se condenó a Liu, cuyo Nobel no mencionó.

Falta saber qué sucederá con la mujer del activista, la poeta Liu Xia, bajo arresto domiciliario desde 2010 a pesar de que no se le imputa ningún delito. Ella supo de la condición de su marido el mes pasado, y sólo pudo viajar a Shenyang para pasar los últimos días con él cuando ya estaba muy débil. La fotografía de la pareja abrazada en la habitación del hospital va camino de convertirse en un símbolo tan poderoso como la silla vacía que representó a Liu en la ceremonia de entrega del Nobel que no pudo recoger.

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