Nada que celebrar en Mosul

Miembros de la Policía federal iraquí celebran en la ciudad vieja de Mosul la expulsión del Estado Islámico de la que fue capital del califato en el país. :: ahmed al-rubaye / afp
Miembros de la Policía federal iraquí celebran en la ciudad vieja de Mosul la expulsión del Estado Islámico de la que fue capital del califato en el país. :: ahmed al-rubaye / afp

Las fuerzas de seguridad celebran en las calles la victoria militar, aunque el Estado Islámico resiste en un último reducto de la ciudad viejaLas víctimas del califato reclaman que los campos de desplazados sean el Guantánamo de los yihadistas

MIKEL AYESTARAN MOSUL.

La Policía Federal de Irak dio por concluida la operación para expulsar al Estado Islámico (EI) de Mosul tras la liberación de Bab al-Tub, Suq al-Sagha y la calle Najafi, tres lugares que permanecían bajo control del grupo yihadista en la ciudad vieja. Los canales nacionales mostraron imágenes de las fuerzas de seguridad bailando y abrazándose, pero de fondo se seguían escuchando explosiones. Poco después llegó el comunicado del EI en su canal, Amaq, en el que informaron de que «los combatientes se están comprometiendo colectivamente al martirio en el barrio de Maidan», zona situada a orillas del río Tigris, en la que, pese a los cantos de victoria de las fuerzas de seguridad, resistían los combatientes.

En la que fue capital iraquí del EI en los últimos tres años no hay nada que celebrar. La ciudad vieja es puro escombro, más de 900.000 civiles han tenido que huir desde que las fuerzas de Bagdad lanzaron su ofensiva en octubre y una tercera parte de ellos vive ahora en los 19 campos para desplazados. No hay un balance oficial de muertos y heridos, pero la era del EI ha dejado ríos de sangre, hay muchas venganzas pendientes y se ha roto la convivencia en una ciudad a la que no podrán regresar nunca los miles de simpatizantes y colaboradores de los yihadistas, ni tampoco sus familias.

EL COSTE HUMANO

Algunos vecinos vuelven a la zona este del Tigris, donde los combates terminaron en febrero, pero en el oeste, donde se encuentra la ciudad vieja, la situación es peor y los civiles son los que han permanecido todo el tiempo en la ciudad y han tenido la suerte de que sus casas y negocios no han resultado dañados. El primer ministro, Haider al-Abadi, ya declaró la derrota del califato tras la toma de la mezquita de Al-Nuri hace diez días, pero lo que esperan los ciudadanos es conocer el plan poscalifato porque hay una ciudad por reconstruir y asegurar.

Pese a la pérdida de Mosul, los seguidores del califa conservan Tal Afar, Hawija, al sur de Kirkuk, y todo el noroeste de la provincia de Al-Anbar. Sus comandos también son capaces de golpear en lugares recientemente liberados. El viernes atacaron Imam Gharbi, 70 kilómetros al sur de Mosul, en una operación que dejó decenas de muertos, entre ellos los periodistas Harb Hazaa al-Dulaimi, corresponsal del canal Hona Salaheddin, y Sudad al-Duri, cámara de la misma televisión local.

«Volvió la vida»

«La guerra nos ha devuelto la normalidad», sentencia Ziad con rotundidad. Este veinteañero es mecánico y dice que «en cuanto los combatientes del EI se replegaron a la ciudad vieja, en los demás barrios de Mosul oeste volvió la vida y se levantó el cerco que hemos sufrido desde 2014». Ha reabierto su taller en la zona de Nuevo Mosul, a menos de un kilómetro de la ciudad vieja, y junto al negocio hay una pequeña tienda de ultramarinos en la que «durante el califato no había nada para vender, pero ahora volvemos a tener de todo».

Pese a la falta de electricidad y agua corriente, el objetivo común es intentar recuperar la normalidad lo antes posible. Qassem Agauat no puede creer que su padre, Amar, esté en casa. Este empresario colaboró con EE UU tras la invasión de 2003 y estaba en la lista negra de Al-Qaida, primero, y del EI, después, cuando tomaron Mosul. Por eso tuvo que abandonar la ciudad, pero sus hijos se quedaron porque si no perderían la casa familiar, que pasaría a manos yihadistas. «Me capturaron y me encarcelaron en unas mazmorras de la ciudad vieja... fue un milagro que me liberaran porque justo un día después un ataque aéreo de la coalición destrozó esa cárcel», recuerda el joven Qassem. El padre escucha con impotencia y rabia y asegura que «bajo ningún concepto podemos dejar que esa gente o sus familiares regresen, que se queden en los campos de desplazados para siempre, que sea su Guantánamo particular».

El sentir en la familia Agauat, cuya madre murió durante el califato porque precisaba una medicina que los yihadistas prohibían vender por ser extranjera, es general y ya ha provocado los primeros problemas en los campos que hay en Irak para acoger a los desplazados por la guerra contra el EI, más de tres millones en apenas tres años. «Puede haber unas 200.000 personas que, por sus distintos vínculos con el EI, no podrán regresar a sus ciudades y pueblos y su futuro es seguir en los campos», informa Andrés González, director de Oxfam Intermón en Irak, quien subraya la importancia de «un proceso de reconciliación nacional. Ya no hablamos de mejorar la relación entre suníes y chiíes, sino de la reconciliación entre los propios suníes, entre los que apoyaron y quienes sufrieron al EI».

Los líderes tribales de Irak han decretado la pena de muerte para los combatientes del EI y un castigo de no retorno a sus ciudades de origen para las tres próximas generaciones. En un país roto desde 2003, las tribus han recuperado el poder en las zonas suníes y son las que tienen la última palabra, no el Gobierno de Bagdad, en manos chiíes. «El EI sirve de momento como un enemigo común que ha obligado a aunar esfuerzos a todas las partes. La derrota militar le hará volver a la clandestinidad, cambiar de nombre... pero todo apunta a que la situación de seguridad se va a deteriorar», lamenta González. «El final de la batalla por Mosul marca el inicio del verdadero trabajo en Irak».

civiles tuvieron que huir desde que las fuerzas iraquíes lanzaron su ofensiva en octubre.

personas no podrán regresar a sus casas por tener vínculos con el EI, según Oxfam Intermón.

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