Un cara a cara que alienta la 'trama rusa'

Putin niega que el Kremlin interfiriese en las elecciones de EE UU y Trump acepta el desmentido en un primer encuentro de tono cordial

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

No pasó de ser un mero sondeo y un estreno en las relaciones directas y personales. El esperado primer encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladímir Putin, transcurrió con aparente cordialidad en los márgenes de la reunión del G-20. Tras un apretón de manos ante las cámaras de televisión al comienzo de la cita informal, Trump compartió que era «un honor» celebrar la entrevista, mientras Putin se mostró «contento por el encuentro personal». Ambos coincidieron en señalar que los contactos telefónicos mantenidos hasta ahora eran insuficientes y en la necesidad de construir un diálogo directo.

Donald Trump hizo caso omiso a preguntas de los periodistas sobre la presunta manipulación informática de la pasada campaña para las presidenciales en Estados Unidos por parte de Rusia o sobre la relación de su equipo de campaña y algunos de sus más cercanos asesores con altos círculos moscovitas que hace recelar a muchos norteamericanos. Tampoco Putin quiso comentar las recientes declaraciones del presidente estadounidense en las que acusó al gobierno ruso de tener un «comportamiento desestabilizador» en Ucrania.

En cualquier caso, circunstancias como la sorpresivamente larga duración del encuentro -dos horas y quince minutos- y algunas declaraciones de los presentes servirán para alentar las sospechas sobre la llamada 'trama rusa' al regreso de Trump a EE UU. Su secretario de Estado, Rex Tillerson, declaró anoche que el presidente había «aceptado» el tajante desmentido de Putin sobre cualquier implicación de su país en un intento de alterar las elecciones presidenciales que las agencias de Inteligencia estadounidenses consideran acreditada.

La 'cumbre de la cumbre', como bautizaron la esperada entrevista los medios locales, transmitió una chocante cordialidad en dos mandatarios que no se conocían personalmente. No dejó de llamar la atención en este punto la palmada en la espalda con la que Trump obsequió a Putin en su primer encuentro de la mañana.

Se da por sentado que ambos abordaron los varios conflictos internacionales en los que se encuentran implicados de alguna manera sus respectivos países. Desde la guerra civil en Siria, en la que ambos defienden bandos enfrentados aunque luchan contra el enemigo común que es el Estado Islámico, al conflicto de Ucrania, en el que Moscú considera legítima la anexión de la península de Crimea y apoya a los rebeldes, mientras Washington respalda al régimen de Poroshenko en Kiev. También las continuas provocaciones de Corea del Norte tuvieron que ser objeto de debate días después de que Pyongyang lanzase con éxito su primer misil intercontinental.

Al término de la primera jornada de la cumbre del G-20, la canciller alemana y anfitriona de la reunión, Angela Merkel, reconoció ante la prensa que las «difíciles discusiones» complican el desarrollo de la reunión, aunque destacó avances y coincidencias en la lucha contra el terrorismo, en la que hubo unanimidad sobre la necesidad de estrechar el intercambio de información y de que las plataformas de Internet borren con más celeridad todos los contenidos terroristas. En cuanto a la economía, las finanzas y el comercio mundiales, subrayó que navegan por aguas más tranquilas que hace diez años, destacó la necesidad de reformas y señaló que la mayoría de los Estados asistentes al foro en Hamburgo son partidarios de un comercio libre y justo.

Condena de la violencia

La canciller Merkel dijo que Trump y Putin asistieron al comienzo del debate sobre el acuerdo del cambio climático antes de reunirse por su cuenta. Fuentes de la delegación alemana señalaron que la formulación del apartado sobre la lucha contra el calentamiento global en el documento final es el punto conflictivo de la reunión.

Al parecer EE UU no sólo ha decidido abandonar el acuerdo de París, sino que apuesta por el uso masivo de energías fósiles y quiere incrementar sus exportaciones de gas licuado y crudo a países del G-20, pese a ser fuente de gases de efecto invernadero. Esta situación augura un pobre balance del encuentro.

Durante el discurso de apertura de la cita con más de 30 países y organismos internacionales, la canciller había urgido a buscar salidas a los problemas globales. «Sabemos que el tiempo apremia, por eso sólo se pueden encontrar soluciones si nos mostramos dispuestos al compromiso y buscamos el acercamiento sin necesidad de doblegarnos. Debemos también nombrar las diferencias», dijo la política conservadora, que condenó también a los activistas violentos que tratan de sabotear la cumbre del G-20.

Tras expresar su comprensión hacia quienes mayoritariamente protestan de manera pacífica, advirtió de que «las manifestaciones violentas ponen vidas en peligro» y resultan «inaceptables». Merkel agradeció a las fuerzas de seguridad su esfuerzo para controlar la situación y subrayó que cuentan con su «absoluto respaldo».

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