Un capo mafioso condena a muerte a su hija por enamorarse de un 'carabinieri'

Una operación policial iniciada en principio para evitar el cobro de chantajes desveló el plan criminal y permitió frenar a tiempo la ejecución

DARÍO MENOR ROMA.

Maria Caterina Scaduto se enamoró del hombre equivocado y en un momento inoportuno. Ella ya tenía novio y se había ido a vivir con él. Era un 'picciotto' (el primer escalón de la jerarquía mafiosa) que trabajaba en el clan de su padre, Pino Scaduto, capo de Bagheria y miembro de la Cúpula, la asamblea donde se deciden los proyectos conjuntos de la Cosa Nostra. Scaduto era un 'boss' respetado y poderoso, con la autoridad que confiere en ese mundo haber estado en su juventud bajo las órdenes directas de los dos líderes históricos de la mafia siciliana, Salvatore 'Totò' Riina y Bernardo Provenzano. Precisamente Riina le había encargado a él la reorganización de la Cosa Nostra para que recuperase su antiguo poder.

Con estos antecedentes, el capo de Bagheria no podía permitirse que su áurea de 'uomo d'onore' quedara manchada por que su hija hubiera elegido para cometer su infidelidad a un enemigo: para su desgracia, Maria Caterina había tenido que enamorarse de un joven 'carabinieri'. A ojos de Scaduto, su hija se había convertido en una traidora y en una 'sbirra', como llaman despectivamente los mafiosos a los miembros de las fuerzas de seguridad.

Sólo quedaba una cosa que hacer con ella: asesinarla. Y para limpiar la infamia familiar, qué mejor que le disparara alguien de su propia sangre. Ya fuera por falta de agallas o porque esperaba que al menos una parte de su prole siguiera sus pasos criminales, el capo de Bagheria eligió como verdugo a su otro hijo, Paolo. Le pidió que acabara con el triángulo amoroso que avergonzaba a los Scaduto: debía eliminar a Maria Caterina, a su novio y a su amante.

LAS CLAVES El padre, Pino Scaduto, recibió de Totò Riina el encargo de reorganizar la Cosa Nostra La 'sentencia' debía ser ejecutada por el hermano de la muchacha, que se negó a seguir las órdenes

La sentencia fallada por el capo de Bagheria no va a poder cumplirse porque está entre rejas desde la noche del pasado domingo, cuando fue arrestado junto a otras 15 personas en la provincia de Palermo por supuesta pertenencia a asociación mafiosa. La operación policial se inició para evitar que cobraran a los comerciantes de su zona el 'pizzo', el impuesto que recaudan los grupos criminales, y acabó desvelando la tremenda historia de Maria Caterina. La muchacha al menos puede estar en paz con su hermano, que se negó a seguir las órdenes de Scaduto. «Yo no lo hago. El padre eres tú y lo haces tú. Yo no hago nada. ¿Soy yo el que tiene que consumirse? Consúmete tú, que yo tengo 30 años». Es la conversación recogida gracias a un micrófono oculto que Paolo mantuvo con un amigo al que repitió lo que le había dicho al capo.

«Las mujeres son el punto más sensible de las familias criminales. Los hombres pueden enamorarse de quienes quieran, pero no sucede lo mismo con ellas», explica Enzo Ciconte, asesor de la comisión parlamentaria antimafia y autor de una docena de libros sobre esta cuestión. El experto considera no obstante que la mentalidad del capo de Bagheria es hoy propia de una minoría dentro del crimen organizado.

«Quedan ya pocos así. La evolución general de la sociedad también se nota entre los mafiosos. Los delitos de honor ya no se ven como ocurría hace unas décadas, aunque hay quien sigue en el mismo punto, como se ha visto ahora en Sicilia, donde en los años 80 hubo asesinatos de mujeres por casos similares. También se viven situaciones así en Calabria».

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