El califato es historia tras la pérdida de Raqqa

Los combatientes de las Fuerzas de Siria Democrática recorren Raqqa a bordo de blindados para celebrar la victoria. :: Erik De Castro / reuters/
Los combatientes de las Fuerzas de Siria Democrática recorren Raqqa a bordo de blindados para celebrar la victoria. :: Erik De Castro / reuters

La alianza de milicias árabes y kurdas que combate con apoyo de EEUU conquista el feudo sirio del Estado Islámico

MIKEL AYESTARAN

jerusalén. Tres meses después de la caída de Mosul, el califato perdió Raqqa, la primera gran ciudad que cayó en sus manos a principios de 2014 y su bastión más importante en Siria. Las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la alianza de milicias árabes y kurdas que combate con apoyo de Estados Unidos, anunciaron la liberación del bastión yihadista tras una jornada de duros combates en el hospital y el estadio de la ciudad, las dos últimas posiciones que ocuparon los pocos seguidores del califa que resistieron hasta el final. Si Mosul fue el gran símbolo del califato por su valor histórico en el mundo árabe, Raqqa fue desde el primer día su capital del terror, el lugar en el cometieron sus peores atrocidades, las mismas que grabaron y difundieron a través de las redes sociales para aterrorizar al mundo. Lo que llegaba al exterior a través de las pantallas, los cerca de 300.000 habitantes que tenía la ciudad antes de su caída en manos de los seguidores del califa lo sufrieron en directo.

Las FSD lanzaron la ofensiva para recuperar Raqqa en junio y en el día de la victoria tuvieron muy claro donde había que celebrarlo y quienes debían encabezar la fiesta. Milicianas kurdas de las Unidades de Protección de Mujeres (YPJ), brazo femenino de las Unidades de Protección Popular (YPG), acudieron a la misma plaza central en la que el Estado Islámico (EI) llevaba a cabo los asesinatos públicos y donde dejaban tirados los cuerpos de sus víctimas pudriéndose, para blandir sus banderas amarillas, bailar y gritar de alegría. En la capital del horror, en la plaza de Al Naim desde la que se proclamó el uso obligatorio del niqab para las mujeres y donde la temida policía de la moral vigilaba los movimientos de cada ciudadano, las kurdas, vestidas de uniforme militar y con la melena al aire, enterraron los tres años de califato.

A la espera de la declaración oficial de la victoria Talal Salu, portavoz de las FSD, confirmó que «la operación militar ha acabado, pero ahora llevamos a cabo una operación de limpieza para terminar con las células durmientes del Daesh (acrónimo en árabe del EI) que hay en la localidad». Otro de los trabajos pendientes es el desminado ya que los yihadistas son expertos en dejar trampas explosivas en los lugares en los que han gobernado. La pelea en Raqqa ha sido dura y el uso masivo de bombardeos de aviación por parte de EE UU ha dejado la ciudad en ruinas. Es la misma imagen de desolación y destrucción absolutas que dejaron los combates en la ciudad vieja de Mosul.

El sábado, después de que los líderes tribales locales lograran cerrar un acuerdo con el EI, comenzó la cuenta atrás para la victoria final. 275 yihadistas y sus familias se rindieron y aceptaron ser evacuados en autobuses a una zona sin especificar que permanece bajo control del grupo. Los yihadistas extranjeros quedaron excluidos del acuerdo y fueron los que combatieron hasta la muerte.

Huérfano de sus dos grandes centros de poder, «pasamos del califato del EI a la insurgencia del EI», señaló el analista Hassan Hassan, autor del libro 'ISIS: Inside the army of terror', en su cuenta de Twitter. Sin apenas territorio ya bajo su control, el grupo vuelve a la clandestinidad y los atentados y la extorsión vuelven a convertirse en sus armas más temibles, como lo eran durante su etapa anterior a 2014. El califato es historia, pero el EI, bajo sus diferentes nombres, siempre ha demostrado su capacidad camaleónica para adaptarse a cada situación que le ha tocado vivir.

Futuro de la ciudad

Cuando callan las armas es el momento de pensar en la reconstrucción para facilitar el retorno de los civiles, una tarea titánica teniendo en cuenta el nivel de destrucción. Save The Children alertó de que gran parte de las 270.000 personas que han encontrado refugio en los campos levantados en las cercanías de Raqqa «tendrán que pasar allí años antes de poder regresar a sus casas», una situación similar a la que se vive en Mosul, donde tres meses después de la liberación, la ciudad vieja sigue cerrada al paso de civiles y cientos de miles de personas viven en campos.

Otro de los grandes retos que se presenta en Raqqa es llenar el vacío de poder tras la caída del califato. Los kurdos de las YPG son quienes han liderado la guerra contra el EI, pero no parece que la ciudad vaya a quedar bajo la administración de Rojava, el Kurdistán de Siria. Turquía no pierde de vista los movimientos de un grupo que es el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) con quien está en guerra desde hace tres décadas. Gracias al apoyo de Estados Unidos, las YPG se han reforzado con un arsenal de última generación y se han erigido en el aliado más fiable en la lucha contra el yihadismo.

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