Se busca tecnócrata sin aspiraciones políticas

D. MENOR ROMA.

Ser presidente de Italia no está nada mal. Ganas un sueldazo, te dan como vivienda un sitio precioso en el centro de Roma como el Palacio del Quirinal y tienes a un grupo de armarios empotrados que te defienden, los 'Corazzieri'. El trabajo, además, por lo general es la mar de tranquilo. La mayor parte de los días te los pasas haciéndote fotos, dándole la mano a gente y participando en actos de sociedad. Vives en definitiva como un rey, pero tras haber sido elegido por el Parlamento. Es solo en momentos como el actual cuando se justifica la existencia de una figura así. Hace falta un mediador entre los partidos para tratar de convencer a los candidatos de que sacrifiquen sus intereses y fobias personales por el interés general. Eso es precisamente lo que lleva dos meses haciendo sin éxito Sergio Mattarella. El fragmentado Parlamento que dejaron las elecciones lo ha puesto en el peor brete desde que fue elegido presidente de la República en febrero de 2015.

Cuando el panorama político se pone tan feo como ahora, al jefe de Estado le queda una última carta antes de mandarlo todo al garete y convocar elecciones: el Gobierno técnico. Ese fue el botón que accionó ayer Mattarella, aunque optó por llamarlo Gabinete «neutral, de servicio». Para poner un poco de azúcar en la píldora que intenta que se traguen los políticos, marcó una llamativa línea roja: los miembros del Ejecutivo «del presidente», como ya ha sido bautizado en Italia, no podrán presentarse a los comicios. Con esta medida, Mattarella trata de evitar lo ocurrido la última vez que se recurrió a un tecnócrata para llevar las riendas del país. Fue con Mario Monti en noviembre de 2011. El Partido Democrático y Forza Italia, las formaciones que le apoyaron, se encontraron con que Monti le cogió gusto al poder y se presentó a las urnas. Se pegó un batacazo, pero para los partidos fue desagradable encontrárselo como rival. Un nuevo tecnócrata sin aspiraciones políticas es lo que necesita ahora Mattarella para evitar que el voto de marzo quede como «el primero que no se utiliza ni produce efecto alguno».

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