Buenas intenciones y poca concreción

Donald Trump asegura que EE UU no atacará Corea del Norte y Kim Jong-un accede a la desnuclearización total de su régimen

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

«No ha sido fácil llegar hasta aquí. Los prejuicios y las antiguas prácticas lo han dificultado, pero los hemos superado y esta es una reunión histórica. Hemos decidido dejar atrás el pasado y el mundo va a ser testigo de un gran cambio». Con estas palabras, Kim Jong-un dio por concluida ayer la cumbre que protagonizó en Singapur junto a Donald Trump, quien también avanzó el inicio de una nueva era marcada por el principal acuerdo al que llegaron ambos mandatarios: la completa desnuclearización de la península de Corea. «Es un resultado mejor del que nadie pudo imaginar», sentenció un triunfal Trump antes de rubricar el breve documento con el que los líderes de Corea del Norte y Estados Unidos abren un proceso de paz que se antoja largo y complejo.

No en vano, los analistas criticaron ayer la poca concreción de los cuatro puntos recogidos en el texto. El pacto ratifica el compromiso de Pyongyang con los objetivos de la Declaración de Panmunjom -firmada como colofón de la cumbre intercoreana celebrada el pasado 27 de abril- y añade que el régimen «trabajará por la completa desnuclearización», pero no hace mención a que el proceso sea «completo, verificable e irreversible», como exigía Washington.

Sin embargo, en la rueda de prensa que Trump dio tras la cumbre, el presidente afirmó que la comunidad internacional enviará a «mucha gente de diferentes nacionalidades» para verificar que el proceso no tenga vuelta atrás. Y avanzó que Kim también destruirá las instalaciones en las que el régimen prueba los motores de sus misiles intercontinentales: «Sabemos que existen porque desprenden un intenso calor. Le he pedido que acabe con ellas y ha accedido».

LA CLAVE Washington ha acordado el cese de las maniobras militares que realiza junto a Corea del Sur

Maniobras «caras»

En contraprestación, el documento afirma que Trump «se compromete a ofrecer garantías a Corea del Norte» de que la superpotencia americana no arremeterá contra el régimen de los Kim. Pero tampoco detalla cuáles son esas garantías. En cualquier caso, la consecuencia más clara e inmediata de la cumbre será el cese de los ejercicios militares que Estados Unidos realiza habitualmente con Corea del Sur, donde tiene desplegados 32.000 soldados que no se verán afectados por el trato.

«Son unas maniobras muy caras. Los bombarderos que participan en ellas parten de Guam, a más de seis horas de viaje, y eso es muy costoso. Además, creo que son ejercicios provocativos y que en estos momentos resultan inapropiados», justificó Trump. Más aún cuando Estados Unidos prevé establecer relaciones diplomáticas con Corea del Norte, aunque, una vez más, tampoco hay fecha para ese hito. Trump se limitó a decir que será «pronto».

Durante la hora larga que estuvo respondiendo a las preguntas de los periodistas, el inquilino de la Casa Blanca hizo hincapié varias veces en el cuarto punto del acuerdo, «que se ha alcanzado en el último momento»: ambos países se comprometen a buscar, recuperar y repatriar los restos de los soldados que perecieron durante la Guerra de Corea (1950-53), una contienda a la que los dos mandatarios quieren poner punto final con un tratado de paz que, según Trump, también debe ser consensuado con China.

Próximos encuentros

Así, parece evidente que la de ayer es solo una de las muchas reuniones que los dirigentes de Estados Unidos y Corea del Norte mantendrán a lo largo de los próximos meses. «Nos volveremos a encontrar, nos veremos muchas veces», afirmó Trump antes de anunciar que tiene intención de invitar a Kim a la Casa Blanca «en el momento adecuado», que desea viajar a Pyongyang, y que la próxima semana comenzarán las reuniones de trabajo entre los gabinetes de ambos gobernantes para ir decidiendo los siguientes pasos del proceso. Trump también aclaró que las sanciones económicas que pesan sobre Corea del Norte no se levantarán hasta que la desnuclearización esté avanzada, pero sí mostró su intención de proporcionar desahogo al país y añadió que «tiene un gran potencial».

Concretamente, el presidente americano se centró en un sector que conoce muy bien: «Corea del Norte tiene unas playas magníficas. En vez de disparar misiles sobre ellas, podrían desarrollarlas. ¡Qué bien quedarían ahí unos chalets! Desde el punto de vista inmobiliario, es una gran oportunidad», dijo distendido y provocando la risa de los periodistas.

A pesar de que no faltan quienes critican que Donald Trump ha hecho demasiadas concesiones y que ha pasado de puntillas por el espinoso asunto de los derechos humanos, el mandatario estadounidense hizo todo lo posible por reivindicar su papel la cumbre. «Kim ha dado un paso hacia un nuevo futuro y hemos demostrado que un cambio real es posible. El pasado no tiene por qué definir el futuro; el conflicto de ayer no tiene por qué ser la guerra de mañana. Cualquiera puede hacer la guerra, pero solo los más valientes pueden construir la paz», sentenció con esa mueca de superioridad que le caracteriza.

Los países de la región se sumaron esperanzados al entusiasmo de Trump. Malasia anunció que reabrirá la Embajada que cerró en Pyongyang después del asesinato del hermanastro de Kim, Kim Jong-nam, en el aeropuerto de Kuala Lumpur; el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, afirmó que el mero hecho de que Trump y Kim se sienten a hablar «como iguales ya hace historia» y añadió que Pekín da la bienvenida a la nueva etapa que se abre; y el presidente surcoreano reconoció no haber pegado ojo la noche del lunes y prometió «acompañar a Corea del Norte en todo el camino».

EN SU CONTEXTO

32.000 soldados estadounidenses permanecen en Corea del Sur y se prevé que allí continúen por ahora.

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