May va a Bruselas tras sufrir su primera derrota en los Comunes

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

A primera hora de la tarde había una escena en la Cámara de los Comunes digna del viñetista del siglo XVIII William Hogarth. Estaba en pie Dominic Grieve en su habitual posición, en la tercera fila tras la bancada del Gobierno. Es un lugar para gente fiel, para alguien como él, que ha votado dos veces contra los suyos.

Fue abogado general del Gabinete en la coalición liderada por David Cameron. Este lo despidió en un reajuste en vísperas electorales, que utilizó para incluir a más mujeres. Grieve se llevaba mal con el ministro de Justicia, Chris Grayling, y con la de Interior, Theresa May. Querían apartar a Reino Unido de la Convención Europea de Derechos Humanos. La escena memorable tenía a Grieve en pie y a ocho o nueve diputados conservadores que han mostrado su disposición a rebelarse contra el Gobierno de May sentados en su derredor. Llaman ahora traidores, amotinados, enemigos del pueblo... a esta banda de 'tories' que defiende lo que el partido defendía desde 1963 hasta 2016.

Grieve estaba en pie para argumentar en favor de su enmienda a la cláusula 9.1 del proyecto de ley de la Marcha de la UE, que otorga a «un ministro de la Corona» el poder «de tomar las medidas que considere apropiadas para el propósito de implementar el acuerdo de marcha, si el ministro considera que tales medidas han de ser aplicables antes del día de la marcha o en días anteriores».

Los amotinados seguían a Grieve, que contaba con el apoyo de laboristas, independentistas escoceses, liberal-demócratas, para intentar derrotar al Gobierno e introducir su enmienda, que pedía el añadido, al final de la cláusula, de esta frase: «sometido a la previa promulgación de una ley por el Parlamento aprobando los términos finales de la retirada de Reino Unido de la Unión Europea».

Theresa May dijo ayer que habrá voto y que habrá ley, pero no aceptó la enmienda. Ha de bastar su palabra. Las amenazas, agasajos y presiones de los responsables de la disciplina del grupo parlamentario conservador se sucedieron durante la jornada para evitar que sus rebeldes contribuyeran a la primera derrota del Gobierno de May en el Parlamento.

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