El 'brexit' se adentra en aguas movedizas

Angela Merkel y Emmanuel Macron, ayer, en la cumbre de la UE en Bruselas. :: EMMANUEL DUNAND / afp/
Angela Merkel y Emmanuel Macron, ayer, en la cumbre de la UE en Bruselas. :: EMMANUEL DUNAND / afp

La UE cierra filas con la débil May, pero la apremia a informar cuanto antes si el periodo de transición será de dos años y qué relación quiere Los Veintisiete aceptan comenzar la segunda fase de la negociación con Londres, «la parte más dura»

ADOLFO LORENTE CORRESPONSAL BRUSELAS.

Llega lo bueno, así que pónganse cómodos. La madre de todas las negociaciones se adentra en aguas movedizas. Terreno ignoto. El tictac del 'brexit' retumba sin piedad recordando que a las 00.00 horas del 29 de marzo de 2019, Reino Unido abandonará el club de clubes... O no. Porque pasar, con la que está cayendo en Londres, puede ocurrir absolutamente de todo. La mejor prueba es que los corresponsales, incluso británicos, siguen preguntando por ello. ¿Realmente puede evitarse el 'brexit'? «Eso depende del Parlamento británico y de la sociedad británica, no de nosotros», zanjó el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Ojo con ese matiz «del Parlamento» ya que la Cámara de los Comunes ha adquirido un enorme protagonismo al poder decidir sobre el acuerdo que finalmente se alcance.

Sellado el pasado, llega la hora de pactar el futuro, de acordar la relación entre ambos bloques. Vecinos, amigos, algo más que amigos... Veremos. Mientras Londres se aclara y decide qué quiere ser de mayor, la UE ha activado la 'operación salvar a Theresa May' colmándola de elogios para intentar que sobreviva en el cargo. Incluso llegó a ser aplaudida por sus colegas durante la cena del jueves. Sí, ¡aplaudida!

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 se reunieron ayer por la mañana en la segunda sesión de la última cumbre del año para bendecir el acuerdo de 15 páginas y 96 artículos suscrito hace una semana por Juncker y May. El divorcio, al final, será amistoso después de que Londres cediese en los tres grandes asuntos que estaban sobre la mesa: derechos de los ciudadanos, la factura a pagar por el portazo y la cuestión irlandesa.

La buena nueva llegó a las 12:27 horas a través de Twitter, cómo no. «Los líderes acuerdan pasar a la segunda fase de las negociaciones del 'brexit'. Felicidades Theresa», escribió el presidente del Consejo, Donald Tusk. Flores y más flores. Un Tusk que no quiere euforias, como ya advirtió nada más conocer el acuerdo de la semana pasada. «Romper es duro, pero romper y construir una nueva relación lo es mucho más. Hemos perdido demasiado tiempo en la parte más fácil de la negociación y ahora queda lo más difícil», alertó.

El eje francoalemán

En esta segunda fase, el documento aprobado por los 27 consta de nueve directrices ('guidelines', en la jerga comunitaria) que marcan sobremanera el terreno de juego a Londres. Primero, advierten de que hay cosas por concretar del divorcio, que hasta que no se cierren no hay nada que acordar sobre el futuro y que el texto de 96 artículos que concreta el divorcio debe ser legalmente vinculante para evitar sustos.

Pese a la satisfacción mostrada ayer por May desde Londres, lo cierto es que comienza lo peor de su travesía por el desierto del 'brexit'. Primero, debe concretar cuánto durará el periodo de transición que demandará a los 27. Parece que será de dos años, hasta 2021, pero durante este tiempo, si quiere tener acceso al mercado interior y a la unión aduanera, deberá acatar «toda la legislación comunitaria que está en vigor o la que pueda aprobarse mientras tanto». Es decir, como hasta ahora pero sin tener ni voz ni voto. No estará en el Consejo, no tendrá comisario, no tendrá eurodiputados... La jugada es de todo menos maestra, pero si quiere evitar el caos económico no tiene más remedio que apostar por esta vía.

Resumiendo: hay que cerrar los flecos del divorcio, acordar la transición y negociar cómo será su futura relación comercial, política o institucional. Casi nada. El reto es mayúsculo, como se encargaron de subrayar la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, que volvieron a comparecer juntos tras la cumbre. El gran eje sobre el que se levantó la Unión Europea sigo engrasado.

«Reino Unido debe decirnos qué quiere y tenemos que ver si es compatible con nuestros deseos. Esta segunda fase será aun más dura que la primera», recalcó Merkel. A su lado, Macron insistía en poner en valor la unidad de los 27 en defender los valores europeos rechazando cualquier tipo de negociación bilateral o sectorial. El eje marca el ritmo.

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