Belfast apura hasta el final la negociación para formar un nuevo Gobierno

Los partidos de Irlanda del Norte se ven incapaces de llegar a un acuerdo y evitar así que Londres se haga cargo de la administración

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSAL LONDRES.

Los partidos de Irlanda del Norte ofrecieron de nuevo ayer el espectáculo de una negociación hasta la medianoche en su último intento de llegar a un acuerdo para la restauración del Ejecutivo autonómico y de evitar que Londres se haga cargo de la gobernación de la provincia. Es ya una tradición. El Acuerdo de Belfast de 1998 se firmó al final de una noche en vela y después de que los protagonistas pasaran las madrugadas anteriores enfrascados en negociaciones. Desde entonces, cada intento de mantener o restaurar las instituciones repite el protocolo de adentrarse en la noche junto a los ministros enviados por Londres y Dublín.

Esta vez se trataba de llegar a un acuerdo sobre el que había «diferencias significativas», según la BBC, pero que versa sobre asuntos conocidos: reforma de procedimientos del Ejecutivo y del Parlamento, legado del conflicto (víctimas, crímenes sin castigar, reconciliación, marchas orangistas...), política sobre el gaélico irlandés. Los observadores creen que ni el DUP (unionistas) ni el Sinn Féin quieren un acuerdo.

Los unionistas de Arlene Foster son la red de seguridad de Theresa May en la Cámara de los Comunes, donde los necesita para ganar votos disputados y han obtenido 1.200 millones más de euros para el gasto regional. Llegaron ayer a la mesa de negociación pidiendo públicamente al ministro para Irlanda del Norte, James Brokenshire, que avance con el presupuesto a partir de hoy.

El ultimátum de anoche se debía a la necesidad de preparar la previsión anual de ingresos y gastos. La elaborarán los funcionarios, que ya preparan la documentación sobre los intereses regionales en la negociación del 'brexit'. Administran la autonomía desde enero, cuando el entonces líder del Sinn Féin en el norte, el fallecido Martin McGuinness, dimitió del Ejecutivo.

Su compañero en las batallas del IRA y en la negociación del proceso de paz, Gerry Adams, es diputado en el Parlamento de Dublín, pero ha asumido también el protagonismo de estas negociaciones, apagando al menos temporalmente a la sustituta de McGuinness, Michelle O'Neill. No es fácil comprender esta vez qué objetivo persigue Adams.

Sinn Féin provocó, con la dimisión de McGuinness, la caída del Ejecutivo de Belfast alegando falta de paridad en el trato por parte de la ministra principal, Foster, y de sus colegas del unionista DUP. Adams pide un estatus especial tras el 'brexit' que nadie más entiende.

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