La UE da un baño de realismo a May sobre el acuerdo comercial

Donald Tusk, con el 'premier' de Luxemburgo, Xavier Bettel. :: efe/
Donald Tusk, con el 'premier' de Luxemburgo, Xavier Bettel. :: efe

Tusk desoye el deseo de Londres de tener un trato especial, aunque tiende la mano al señalar que «no quieren levantar un muro con Reino Unido»

ADOLFO LORENTE

bruselas. Quizá la mejor definición de realismo se asemeje mucho al discurso que ayer ofreció Donald Tusk sobre la futura relación comercial entre la UE de los Veintisiete y Reino Unido. Fue una extraña mezcla entre frialdad, rotundidad y mano tendida. El ya tradicional 'sí, pero no' que tanto se estila en el relato comunitario. Primero, el guiño. «No queremos construir un muro entre la UE y Reino Unido, queremos un acuerdo ambicioso». Luego, el jarro de agua helada: «Será el primer acuerdo de libre comercio en la historia que afloja los vínculos económicos en lugar de reforzarlos. El enfoque a la carta para un país que no es Estado miembro está fuera de cuestión. No se puede escoger lo que a uno le gusta. No vamos a sacrificar nuestros principios». El realismo era esto.

El presidente del Consejo Europeo presentó ayer el documento que contiene las directrices que guiarán la actuación de los 27 durante la negociación con Londres sobre el futuro acuerdo bilateral entre ambos bloques. Unas líneas maestras que ahora serán perfiladas por las capitales y que serán aprobadas en la cumbre de jefes de Estado y de gobierno que se celebrará los próximos días 22 y 23.

Se refieren al futuro, pero no hay que olvidar que todavía está pendiente de cerrarse el pasado. Primero, se debe concretar legalmente cómo quedarán el capítulo de los derechos ciudadanos, la factura a pagar o la compleja cuestión irlandesa. Además, está el embrollo del periodo transitorio, es decir, cómo será ese plazo que va desde el 29 de marzo de 2019 (salida oficial) hasta el teórico 31 de diciembre de 2020 (salida efectiva). Queda un mundo por hacer y el 'brexit' está a la vuelta de la esquina, como no se cansa de advertir Michel Barnier, el negociador jefe de la UE.

Con este negro panorama, hablar de futuro casi parece una utopía, pero el 'timing' es el que es y toca seguir abriendo aún más el melón de la negociación. Lo de ayer era importante por varios motivos. En lo técnico, por el contenido de las seis páginas presentadas. En lo político, porque era la primera comparecencia de un gran líder de la UE tras el último discurso relevante de Theresa May en el que abogó por una relación especial, profunda y ambiciosa, donde ninguna de las dos partes logrará todo lo que quiere.

Así será. El problema, su problema, es que Londres no está en pie de igualdad frente a Bruselas, que jamás permitirá que el 'brexit' sea una historia de éxito, como recordó Tusk. Lo hizo desde Luxemburgo, donde se reunió con su primer ministro, Xavier Bettel, en su ronda de encuentros previos a las cumbres.

La City, fuera del acuerdo

En este sentido, se refirió a la claridad con la que se expresó May, que se decantó por una salida completa pero cruzando los dedos para lograr un acuerdo excepcional. La equidistancia tiene estas cosas, que al final uno se queda sin lo uno y sin lo otro. Así se lo recordó Donald Tusk: «Reino Unido abandonará el mercado interior, la unión aduanera y la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la UE. Por tanto, el único modelo posible que queda es un acuerdo de libre comercio. Esto no puede sorprender a nadie. No pueden tener los derechos de Noruega con las obligaciones de Canadá», apostilló.

Tras reconocer que con el futuro acuerdo la relación comercial se complicará y «habrá fricciones» porque «esa la esencia del 'brexit'», también tendió la mano asegurando que la UE buscará un pacto «ambicioso» que cubra todos los sectores y que no contemple aranceles para los productos británicos. Se quiere reforzar la colaboración en materia de pesca, cultura, I+D o evitar el «absurdo» problema que se generará en el sector aéreo. Bruselas sigue apostando por una estrecha colaboración en defensa, seguridad y terrorismo, pero no hará la vista la gorda con el sector financiero, clave para la City londinense.

Theresa May ya ha anunciado que saldrán del mercado interior y de la unión aduanera, lo que en la práctica supone que Reino Unido sólo podrá aspirar a un acuerdo comercial convencional con un país tercero. Sin embargo, cuando uno habla del 'brexit', lo mejor es no descartar nada. Y nada es nada. De ahí que los 27 hayan incorporado una cláusula para adecuarse a las circunstancias en caso de que Londres decida dar marcha atrás en algún campo.

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