Baile de víctimas en Puerto Rico

El artista Lin-Manuel Miranda reparte víveres entre los residentes de Toa Alta, localidad donde vive su familia. :: J. Muñiz / efe/
El artista Lin-Manuel Miranda reparte víveres entre los residentes de Toa Alta, localidad donde vive su familia. :: J. Muñiz / efe

La isla sigue sin suministro eléctrico mes y medio después del paso del huracán 'María' y se desconoce el número real de muertos

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL

nueva york. Mes y medio después de que el huracán 'María' barriese Puerto Rico, el balance de muertos sigue creciendo. Solo que ahora que las aguas se han retirado y los vientos no arrojan casas como si fueran proyectiles la culpa ya no es del fenómeno atmosférico, sino de la falta de respuesta que ha provocado una crisis humanitaria. Ni siquiera los servicios básicos como el agua o la electricidad han sido restaurados.

Oficialmente el balance de muertos sigue en 55 y no se ha movido en varias semanas. La muerte de quienes tienen que beber agua de un arroyo contaminado ya no se considera una consecuencia del huracán, sino de «una bacteria», dicen muchos certificados de defunción. Bacterias que se reproducen a gran velocidad gracias a las altas temperaturas de una zona tropical en la que el 45% vive sin electricidad desde el pasado 20 de septiembre. Hasta los hospitales luchan para mantener la asistencia artificial con generadores.

La primera prueba de que 'María' siguió cobrándose vidas mucho después de irse llegó ayer, cuando el Gobierno publicó las cifras de mortalidad correspondientes al mes de septiembre: 472 muertos más que en el mismo mes del año pasado, a pesar de que más de 100.000 personas han abandonado la isla. El Gobierno federal anunció ayer que ante la falta de perspectivas evacuará al territorio continental a otras 3.000 que llevan 43 días en refugios, lo difícil será encontrar vuelos para sacarlos. Toda la población quiere marcharse y el aeropuerto está desbordado. Florida y Connecticut se han convertido en destino de ese éxodo.

Con las cifras en la mano

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosello, ha elegido llevarse bien con Donald Trump, que se atribuye «un diez» por la respuesta de su Gobierno. Como prueba de esa eficacia, exhibió el bajo número de muertos que dejó «una catástrofe de verdad, peor que el 'Katrina'». Muchos creen que esa es la razón por la que el Gobierno prefiere esconder las cifras de muertos. Después de todo, ¿quién puede probar que cuando un anciano se muere de un golpe de calor o un bebé de una diarrea se debe al huracán? Ese es el trabajo imposible al que se han lanzado algunos periodistas de 'The New York Times'.

Con 29.649 certificados de defunción en la mano, han hablado con gente como Jorge Malavé, cuyo hijo prematuro falleció a los tres meses en el mismo hospital en el que nació, del que nunca llegó a salir. Los constantes fallos de los generadores lo dejaron sin oxígeno a intervalos y provocaron numerosos traslados de incubadora, «hasta que cogió algún tipo de bacteria», contó el padre. «Todos los niños prematuros se estaban poniendo enfermos». La promesa del gobernador de restablecer el suministro para Navidad se considera hueca, sobre todo después de cancelar el contrato que hizo con una empresa de Montana, de solo dos empleados y sin ninguna experiencia en grandes proyectos.

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