Austria se aproxima a las posturas más duras antiinmigración en el seno de la UE

Sebastian Kurz y Heinz-Christian Strache, líderes de las dos formaciones austriacas de derechas, presentan su acuerdo en una rueda de prensa en Viena  :: ALEX HALADA / afp/
Sebastian Kurz y Heinz-Christian Strache, líderes de las dos formaciones austriacas de derechas, presentan su acuerdo en una rueda de prensa en Viena :: ALEX HALADA / afp

El líder conservador Kurz da entrada en el nuevo Gobierno de Viena al xenófobo FPOE, que ocupará varias carteras de gran relevancia

JUAN CARLOS BARRENA BERLÍN.

Austria ha visto consumado su bandazo a la derecha populista. Tras solo siete semanas de negociaciones, los líderes del conservador Partido Popular Austríaco (OEVP) y el populista y xenófobo Partido Liberal Austríaco (FPOE), Sebastian Kurz y Heinz Christian Strache, anunciaron la formación de una coalición de gobierno, en la que los segundos contarán con carteras clave como las de Exteriores, Interior y Defensa. Una coalición que no es nueva y de la que ya hubo una primera versión entre 2000 y 2005 de la mano del conservador Wolfgang Schüssel, que entonces recibió el apoyo de un FPOE liderado por el carismático y ultraderechista Jörg Haider, fallecido en 2008 en un accidente de automóvil.

Sin embargo, si entonces la Unión Europea reaccionó con dureza y sancionó con medidas de aislamiento al Gobierno de Viena, en esta ocasion aceptará el acuerdo entre las dos formaciones de derechas, toda vez que hay otros países entre los 28 de la UE con ejecutivos aún más ultraconservadores como Polonia y Hungría.

Artífice del acuerdo es el joven Sebastian Kurz, que a los 31 años de edad se convierte en el más joven jefe de Gobierno europeo, tras conseguir en pocos meses asumir el liderazgo del OEVP y reventar la tradicional 'gran coalición' de socialdemócratas y conservadores. Ministro de Exteriores en la república alpina desde 2013, el ambicioso político consiguió que su formación, a la que antes del verano situaban las encuestas en tercer lugar, triunfara ampliamente en los comicios legislativos del pasado 15 de octubre renovada como 'Lista Sebastian Kurz- el nuevo Partido Popular'. Con promesas de mano dura contra la inmigración ilegal, el cierre del país a la entrada de refugiados, un férreo control del islamismo y un aumento de las fuerzas de seguridad, el líder conservador se apróximo al máximo a las demandas de los populistas y supo ganarse una buena parte del electorado.

LA CLAVELa llegada de los 'ultras' al poder no ha provocado la reacción de Bruselas que mereció en el año 2000

Una «Europa fuerte»

«Solo en una Europa fuerte puede darse una Austria fuerte, al encontrarnos en la situación de aprovechar las oportunidades del siglo XXI», dice el preámbulo del acuerdo de coalición, unas palabras que seguramente darán una cierta tranquilidad a Bruselas. Eso sí, Kurz y Strache eligieron un lugar de gran simbolismo para anunciar su pacto. Los líderes conservador y populista citaron a la prensa en el Kahlenberg, la colina a las afueras de Viena en la que en el año 1683 los Habsburgo derrotaron a los invasores turcos con la ayuda del rey polaco Juan III Sobieski y liberaron a la capital austríaca del asedio otomano. Quizás un indicador de su mayor cercanía a los gobiernos del llamado Grupo de Visegrado (Varsovia, Budapest, Praga y Bratislava) en materia de inmigración y refugiados, frente a la postura que defienden Alemania y otros países más liberales de la UE.

El documento del acuerdo de coalición contempla la elaboración de medidas para detener la inmigración ilegal, acelerar los procedimientos de concesión de asilo y la expulsion de quienes sean rechazados, así como la contratación de 2.100 policías suplementarios. Conservadores y populistas de ultraderecha quieren reducer la burocracia, flexibilizar los horarios laborales, reducir las cargas fiscales, potenciar las ayudas a las familias y establecer una pension mínima de 1.200 euros para quienes hayan trabajado 40 años.

El acuerdo de coalición ha recibido, sin embargo, críticas en las propias filas del OEVP. La hasta ahora ministra de Familia, la independiente, aunque elegida por el partido, Sophie Karmasin, denunció que el FPOE no ha condenado el antisemitismo ni la época nazi. «Son ambientes de los que el FPOE de vez en cuando trata de distanciarse, pero no con la dureza o la claridad que resulten para mí convincentes», declaró Karmasin.

Quien tendrá que tragar ahora sapos y culebras es el presidente federal austriaco, el antiguo líder verde Alexander van der Bellen, que al ser elegido hace un año advirtió que haría lo imposible para evitar que los populistas llegaran a gobernar. Van der Bellen reconoció ayer a regañadientes que «nada impide» que a comienzos de semana deba presidir el juramento de sus cargos por parte de los nuevos ministros.

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